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lunes, 31 de julio de 2017

La Banca: el principio del fin

En El Club de la Economía es costumbre hablar de temas interesantes yendo al grano de una forma sencilla y con salero. No hay tema, discusión o polémica donde no metamos cuidadosamente nuestras zarpas. Sin embargo, hay algo que siempre ha estado ahí, pero que nunca ha terminado de salir a la luz. Un compañero de viaje que siempre nos ha acompañado, pero al cual nunca hemos hablado a la cara. Pero eso se acabó. Hoy, El Club de la Economía se propone la difícil tarea de descubrir a este viajero desapercibido, que sin hacer mucho ruido, siempre ha estado cerca de nosotros. Ha llegado el momento de desenmascarar de una vez por todas a la Banca.

Decimos desenmascarar y no es para menos, ya que encubriéndose bajo el término “Banco” lo único que hacían - y hacen - era simplificar lo que en realidad era un mecanismo mucho más complicado. La banca no es más que una entidad financiera encargada de ofrecer y recibir servicios financieros. Pero, ¿qué hay más allá de este simple término? Pues es allí donde hallaremos la verdadera respuesta a todas nuestras preguntas.

Y para poder llegar, como siempre, debemos empezar por el principio. Desde tiempos de la antigua Mesopotamia ya se realizaban actividades comerciales con una mínima regulación. En el Código de Hammurabi ya se podían observar algunas normas, que más tarde, serían la base del Derecho Mercantil.

Sin embargo, la existencia de todas estas actividades, en ningún momento desató la necesidad de crear una institución, más allá del propio Estado, que se encargase de gestionar el dinero ajeno. En otras palabras, no parecía necesaria una empresa que ofreciese expresamente servicios financieros. Esto fue así durante mucho tiempo, pasando incluso prácticamente desapercibida durante la época del Imperio Romano. No sería hasta la Edad Media cuando realmente nacen los primeros códigos de comercio y normas expresamente financieras.

Italia sería la cuna de lo que muy pronto se empezaría a conocer como banco. Esta península vería nacer uno de los imperios más grandes de la historia, que abarcaba gran parte del mundo conocido. Lo que tal vez no sabían, es que darían origen a la que sería la institución más poderosa del mundo. Menos mal que Grecia les robó la política.

De las familias más ricas de Italia (los Medici y los Pittis) nació la Banca florentina. Sucesivamente, los templarios crearían el primer banco internacional con el objetivo de ofrecer crédito en toda Europa. Y no sería mucho más tarde, en 1472, cuando nacería el banco más antiguo que hoy en día sigue en pie. Nada más ni nada menos que Banca Monte dei Paschi di Siena.

Tal y como explicamos en este artículo, debido a la aparición del papel moneda, que sustituía y poco a poco acababa con el patrón oro, la banca se fue haciendo cada vez más fuerte, llegando incluso a tener en su poder el Sistema Monetario que, en otras palabras, significa tener el control de la manivela de hacer dinero, que en otras palabras, significa tener el control de la Economía y que, en definitiva, significa controlarnos a todos directa o indirectamente.

Ave Draghi, los que van a pagar te saludan


Sin embargo, los bancos no solo han basado su actividad en dar créditos, conceder préstamos y ofrecer depósitos. Tal vez la Banca Comercial sea la más conocida por el común de los mortales, pero desde que existen los Mercados Financieros y la Bolsa de valores ¿quién creéis que estaba detrás de la las Ofertas Públicas de cada empresa? Exacto, la banca, pero no la comercial. Demos un aplauso para recibir a los que de verdad cortan el bacalo. Con todos ustedes, la Banca de Inversión. Hay una gran diferencia entre la actividad y los servicios que ofrecen estos dos tipos de bancos. 

Por un lado, la Banca Comercial es lo que conocemos por nuestra sucursal de toda la vida. En ella se pueden hacer cuentas corrientes, tarjetas de crédito o débito, pedir algún préstamo y que no te concedan ninguno u ofrecer algún que otro tibio producto de ahorro.

Por otro lado, tenemos la Banca de Inversiones, la cual da un salto de calidad, y solemos ubicarla como las grandes oficinas llenas de ordenadores y cristaleras en los enormes rascacielos de los distritos financieros. Estos van un paso más allá y por lo general se dedican a asistir a empresas, gobiernos... También asisten a algún que otro individuo forrado hasta las trancas para rentabilizar su capital, invirtiéndolo en aquellos activos con mayor retorno, además de encargarse de financiar las salidas a bolsa de las empresas privadas, las fusiones y las adquisiciones e incluso a pagar la deuda pública de algún que otro  irresponsable.

Por tanto, podríamos decir que la Banca Comercial es la más conservadora y segura, mientras que la Banca de Inversión es la más arriesgada y apalancada y, por lo tanto, con mayores beneficios. O al menos, eso nos hacían creer.

Llegó entonces el año 1933. Estados Unidos estaba viviendo el paso de una de las épocas de mayor bonanza de su historia, a la absoluta miseria y cataclismo que supuso la gran depresión de 1929. Entre todos los bancos, pero sobre todo gracias a la Reserva Federal y el Banco Central, casi acaban con el sistema financiero estadounidense, mientras trataba de rescatarse a sí mismo al mismo tiempo que se hundía más y más. Más de un 80% de la economía estadounidense cayó durante esos días, y lo que se decidiría el 16 de junio, denominado Banking Act, es que los culpables eran los banqueros. Era la solución más sencilla, teniendo en cuanta que aquellos que señalaban a los banqueros, eran los principales culpables de toda esta debacle.

Lo que se decidiría aquel fatídico día primaveral sería la que hoy conocemos como Ley Glass-Steagall. Desde entonces, nació  la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC) introduciéndose el concepto de lo que conocemos en España como garantía de depósito. Se trata de un fondo constituido por el Estado que recibe aportaciones periódicas de las propias entidades financieras del país, con el objetivo de asegurar hasta una cierta cantidad el dinero que los ahorradores tienen depositado en los bancos. De esta manera, si un banco quiebra y no puede hacer frente a sus depósitos a la vista, este seguro es el encargado de abonarlo. Esto se debe a que, como ya explicamos aquí, los bancos no están obligados a disponer de un coeficiente de caja del 100% de sus depósitos, sino que estos pueden usar este dinero para rentabilizar el capital y obtener beneficios con él. Algo así como prestar algo que te han pedido que guardes en tu cajón.
Actualmente, el coeficiente de caja en el mundo varía desde el 10% en Estados Unidos, hasta el 1% de Europa. Si es que somos unos campeones.

Pero además de esta terrible decisión que condenaría al mundo, uniendo definitivamente Estado con la Banca, como si de la creación del anillo único para destruirnos a todos se tratase, se introdujo la división entre Banca de Inversión y Comercial. Esto significa que desde aquel momento, las entidades financieras (que siempre habían realizado ambas actividades a la vez indistintamente) debían elegir entre actividad comercial o de inversión, y en el caso de elegir uno, no podrían realizar la otra. Aquí por tanto se produjo la división entre aquellos bancos que recogerían sus cuchillos y se retirarían, como es el caso de Bank of America, y aquellos que seguirían en el juego, como Lehman Brothers, Goldman Sachs y como no, JP Morgan.

Finalmente, repitiéndose la historia, cual flashback de Bretton Woods, el 12 de noviembre de 1999, la Ley fue derogada por la Financial Services Modernization Act, más conocida como Ley Gramm-Leach-Bliley. Desde ese momento, los bancos comerciales también pueden apalancarse y endeudarse hasta las cejas, volviendo a ser bancos comerciales y de inversión a jornada completa.

Nacía entonces un negocio muy rentable, con poquísimo riesgo y elevadísimo potencial de crecimiento. Una oportunidad tan segura que produciría la mayor quiebra de la historia (un saludo a nuestros amigos de Lehman Brothers) y la sucesión de caídas de bancos más grande de todos los tiempos, obligando a bancos históricamente conservadores, como Bank Of America, a fusionarse con Merril Lynch si querían sobrevivir. Este producto ha recibido muchos nombres: bienes inmuebles, ladrillo, hipotecas. "La vivienda nunca baja" para los amigos.

Esto es todo por ahora, joven padawan. Somos El Club de la Economía y de vacaciones nos iremos. No es una amenaza, pero en Septiembre volveremos.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Los misterios de los mercados financieros

Por estos lares hablamos de cosas que trascienden a nuestros sentidos y nos llevan a buscar la comprensión de misterios infinitos de la existencia. Preguntas como: ¿por qué a Hulk se le rompe toda la ropa menos los pantalones? ¿La tortilla con o sin cebolla? O ¿qué demonios hay que hacer si ves un animal en peligro de extinción comiéndose una planta en peligro de extinción? Preguntas cuyas respuestas sólo las tiene Dios o el creador del Trivial Pursuit. Pero hoy toca hablar de algo que, al igual que la segunda parte de Independence Day, a primera vista no resulta muy atractivo, pero que si te fijas bien es absolutamente espantoso: los mercados financieros.

La actualidad sobre los mercados financieros está hasta en la sopa, así que, aunque a simple vista no guste mucho, sí que parece importante. Haciendo un esfuerzo vamos a explicar un poco de qué va la cosa y por qué puede llegar a ser interesante

Para empezar, estos mercados financieros operan en un entorno de libre mercado, es decir, los precios de los activos siempre se rigen por la oferta y la demanda confiando plenamente en la libre interacción de compradores y vendedores, o regulados, en una economía planificada.

En un primer momento este mercado era un sitio físico donde la gente se reunía para pedir préstamos, hipotecas o comprar y vender acciones. Wall Street sin ir mas lejos empezó siendo en el siglo XVIII una simple calle adyacente al muro que marcaba el límite norte de Nueva York (de ahí que sea “calle del muro”). Hoy en día, sin embargo, vivimos en un mundo totalmente digitalizado y podemos vender rublos o comprar en la bolsa de Hong Kong sin levantar las posaderas del sofá de casa.



Un mercado financiero no es como el Mercadona o la verdulería de al lado de tu casa. Los que participan en un mercado financiero no lo hacen con la intención de consumir los productos que adquieren, sino de obtener un beneficio a partir de este. El beneficio puede obtenerse de múltiples formas: comprar un activo y mantenerlo buscando rentabilidad, comprar un activo y venderlo a un precio superior... Asimismo, hay un sinfín de mercados diferentes, como el Forex, que comercia con divisas, el mercado de acciones, el mercado de materias primas, pasando por los mercados primarios y secundarios, nacionales, internacionales y demás.

De hecho, la actividad financiera aporta tantas oportunidades actualmente que es posible ganar dinero hasta cuándo el mercado se hunde. Sí, habéis oído bien: hasta cuando baja el mercado puedes ganar. Esto se llama operar en corto. La actividad financiera puede aportar tantas oportunidades, que actualmente no sólo es posible comprar un activo y venderlo cuando es más caro, sino que también se permite realizar la inversa, vender algo que no tienes, generando una obligación de compra posterior, en la cuál tu no esperarás comprar a un mayor precio, sino que querrás que el precio caiga.

Estos mercados financieros fueron creados por nada más y nada menos que los bancos. Como ya hablamos en este artículo, las finanzas son esa parte de la economía que estudia el dinero y los bancos fueron los que comenzaron esta actividad financiera mediante la creación del cociente de caja, que esconde una gran mentira que tenemos que creer. Vamos a explicarlo con un ejemplo: Paco va a su banco de “confianza” y decide abrir un depósito, en el que ingresa 10.000€. Estos capitalistas, muy astutos ellos, aplican un coeficiente de caja del 10%, por lo que 1.000€ de Paco se quedarán en el Banco y 9.000€ serán usados para nuevas actividades financieras, como préstamos. Por lo que al siguiente día viene Juan y pide un préstamo de 9.000€ y lo vuelve a depositar en el banco, el cual volverá a aplicar este 10%. Lo que indirectamente se está produciendo, es que se está creando dinero artificialmente, que realmente no existe, ya que con que tan sólo a este banco acudan 5 clientes más, de los 10.000€ iniciales y reales que depositó Paquito, hemos creado más de 40.000€, que no es material, no existe, es completamente fiduciario y se basa en la confianza de que a la gente un día no se le va a ir la olla, y van a reclamar todo su dinero al banco “de confianza”, ya que este no existe.

Para finalizar, un mercado financiero perfecto sería aquel que posee una gran amplitud y profundidad y una libertad plena, sin barreras de entrada y salida, ni injerencias estatales y con total flexibilidad y transparencia. Estas características esenciales fueron más o menos quebrantadas en su momento y gracias a ello se produjo la crisis de 2008 (os sonará Lehman Brothers :D). Pero ya hablaremos de esto en otro momento. Al final la solución para todo es sólo una cosa: la Libertad.


Esto es todo por hoy, joven padawan. Somos el Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.