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lunes, 19 de junio de 2017

El antes y el después de los rescates a la banca



La banca es como tener un perro: te da muchos problemas y trabajo, pero no puedes vivir sin ella. Hasta tal punto es importante la banca, que el todopoderoso papá Estado corre a acudir en su rescate con miles de millones, (sólo) con el objetivo de que durmamos tranquilos y el mundo no se vaya a la mierda. Pero esto ya se acabó, joven padawan. En este artículo vamos a explicar el proceso de cambio que se ha producido en el sistema de rescate financiero, desde el rescate público estatal (Bail-out) hasta el rescate privado por parte de los acreedores (Bail-in).

Corría el año 2009 cuando, poco a poco, las cajas de ahorro españolas (públicas, que no se os olvide) fueron quebrando lentamente, pero sin pausa. Sin embargo, a medida que quebraban, estas cajas de ahorros iban siendo rescatadas por el Estado español, con una suma que llegó a superar ampliamente los 100 mil millones de euros. Este hecho establecerá el Bail-out como modus operandi en toda la zona Euro.

No obstante, mentiríamos si dijéramos que esta era la única forma de enfrentarse a una quiebra bancaria en ese momento. Debemos cruzar el charco y remontarnos a la crisis de los bonos basura y las hipotecas subprime de 2008 para ver que esto no es así, ya que alguien tiene algo que decir al respecto (o más bien nada que decir). 

15 de septiembre de 2008, el gigantesco banco de inversiones Lehman Brothers, el famoso “Too big to fail”, caía derrotado, sucumbiendo ante su excesiva exposición a bonos basura e hipotecas subprime, con el mayor pasivo de la historia: más de 600 mil millones de dólares. 

Efectivamente, la otra manera de enfrentarse a una quiebra bancaria era… no enfrentarte a ella. Simplemente no hacer nada. Sin embargo, este ejemplo se trata verdaderamente de un hecho insólito y prácticamente irrepetible. Por no hablar de que la deuda que Estados Unidos debería haber hecho frente en el caso de Lehman es seis veces superior a la de toda la banca española. Digamos que metieron la pata hasta el fondo y una vez ahí siguieron cavando. Esto no quita que, entre medias, la administración de Obama y la FED inyectasen cantidades ingentes de dólares en todo tipo de entidades financieras.

Pero volvamos al tema que nos concierne. Durante la etapa de la crisis financiera, muchos bancos en todo el mundo, apalancados hasta la saciedad de activos tóxicos, empezaron a experimentar los problemas de comer demasiadas gominolas y chucherías. Enfermaron progresivamente y uno a uno fueron cayendo como chinches. Esto realmente era un problemón al cual había que enfrentarse, es decir, aquí no se podía aplicar la estrategia rajoyesca de hacerse el longuis. Requería por tanto reuniones entre los gobernadores de los bancos centrales y los líderes de las principales potencias mundiales para poder llegar a una solución que causase el menor daño posible y que, a la vez, salvase “el sistema”.

Y he ahí el problema de la cuestión.  La decisión tomada distó mucho de ser una solución, sino que más bien fue un rescate desesperado y a toda costa para tratar de mantener “el sistema” independientemente del cómo y el cuánto del coste. Básicamente, la solución consiste en que el marrón se lo come el contribuyente (vía impuestos y deuda) y los burócratas se van a su casa tranquilamente sin sudar mucho.  Bail you, Bail me, Bail for everybody.



El mensaje era muy claro: “bancos, no temáis, pues los dependientes y obedientes ciudadanos respaldarán generosamente vuestras perdidas, así que haced lo que os dé la gana porque sois demasiado grandes para quebrar. Algo así como: “bancos nuestros que estáis en el cielo, santificada sea vuestra deuda.”

Nada parecía que fuese a cambiar. Los Estados se sobreendeudaban con entusiasmo, los impuestos subían, los pajarillos cantaban… hasta que, de repente, un actor inesperado, del cual muchos de nosotros aún dudamos de su posición geográfica, entra en escena. Una pequeña islita alejada de la mano de Dios significaría el principio del fin de estos chiringuitos financieros.

Fue Chipre el pionero en la utilización del Bail-in para sanear su sistema financiero, que arrastraba un agujero de más de 10 mil millones de euros (puede parecer una cifra ridícula comparada con la de España, pero para un país con apenas 17 mil millones de PIB no estaba nada mal). El Estado chipriota aplicó una conversión exprés de depósitos en acciones bancarias. Poco a poco, nuevos países como Austria fueron adhiriéndose a este sistema, considerándolo el más idóneo, o mejor dicho, el menos malo.

Y fue entonces, en una fría mañana de noviembre de 2014, en Berlín, cuando Mario Draghi despertó de su letargo, instalando el Mecanismo Único de Supervisión y Resolución, que en resumidas cuentas significaba la imposición del Bail-in como sistema de rescate para entidades financieras en la Unión Europea.  

Llegamos pues a junio de 2017, cuando el Banco Santander compra el Banco Popular por 1€, después de que sus inversores respondiesen ante las deudas de la entidad. 
Este hito marcará un antes y un después, entre el Bail-out y el Bail-in en la Unión Europea (y además nos ha brindado la oportunidad de hacer un montón de chistes con cosas que cuestan 1€). El Banco Popular fue el primero en ser intervenido por las autoridades europeas, marcando las pautas que se establecieron en el Mecanismo Único, respondiendo de las deudas los acreedores e inversores de la entidad, por orden:
1) En primer lugar, se encontrarían los accionistas ordinarios y sucesivamente preferentes (acreedores subordinados).
2) En segundo lugar, estarían todos aquellos que hubieran adquirido bonos y obligaciones de la compañía (acreedores senior).
3) En tercer y último lugar (y aquí se encuentra realmente la novedad), hallamos todos aquellos depósitos a la vista no avalados por el Estado (es decir, aquellos que superen los 100.000€).

De esta manera, se ha conseguido que de forma ordenada y de la noche a la mañana, los accionistas y bonistas de Banco Popular asumiesen las pérdidas de la compañía y del resto ya se encargará Santander.

Curiosamente, esta solución era perfectamente viable en época de quiebra de las cajas. Combinando los acreedores subordinados, los acreedores senior y los depósitos a la vista superiores de 100.000€, las cajas, mal llamadas quebradas, sumaban más de 150.000 millones en pasivos que podrían ser reconvertidos en activos para hacer frente a la deuda que se les venía encima. Las cajas nunca tuvieron la necesidad de ser recatadas, pues había alternativas reales, no para dejarlas morir, sino para salvarlas.

Sin embargo, esto no parecía muy conveniente para nuestro conglomerado político, el cual hizo caso omiso a esta alternativa, haciéndonos responsables a todos de sus decisiones, mientras ellos aumentaban su control bancario mediante participaciones estatales en dichas entidades. No hace falta recordar que el propio Estado es el accionista mayoritario de la banca española, controlando por ejemplo el 45% de Bankia, entre otras. Hoy ya tenemos una estimación más o menos aproximada (viene del Banco de España) que establece la factura de dicho rescate: 40.000 millones de €. Unos 2.200€ por familia. Ya sabéis, el "interés general", que no es más que el interés partidario que demostraron, reunión tras reunión, en Ferraz y Génova.



Esta última adquisición por parte de Santander, absorbiendo el deficitario Banco Popular no se queda en menos, con reuniones vespertinas, cuando menos sospechosas, de directivos del Santander y ministros del gobierno, con Luis de Guindos a la cabeza.

Sin embargo, algo sí que ha cambiado esta vez, aunque haya sido a golpe de decreto europeo y prácticamente maniatando al político. Por una vez, no pagaron justos por pecadores. Por una vez no se privatizaron ganancias y socializaron pérdidas, sino que se privatizaron tanto las ganancias como las pérdidas. 
Capitalismo de amiguetes o Capitalismo liberal. El primero beneficia a los de siempre, el segundo nos beneficia a todos.


Esto es todo por hoy joven padawan. Somos el Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.

domingo, 15 de enero de 2017

Lo que no sabías de la Crisis de 2008


Atención, el artículo que está a punto de presenciar podría dañar gravemente su salud mental, ya que hoy El club de la Economía va a tratar sobre lo que es probablemente el tema de la economía en el siglo XXI. Aquel que está en boca de todos, pero del que nadie sabe nada, un tema oscuro a la par que delicado. Se recomienda leer previamente nuestro artículo sobre los mercados financieros, para poder saborear al máximo este, en el que El club de la Economía jura solemnemente que conocerás, al fin, la verdad sobre la Crisis de 2008, también conocida como Crisis Subprime. Comencemos.

11 de Septiembre de 2001, caída de las Torres Gemelas. Lo recordamos como si fuera ayer. En nuestro caso, muy jóvenes y no creyendo lo que estaba pasando, y sobre todo, inocentes ante lo que estaba a punto de desencadenar el casi hundimiento del sistema financiero y la Economía tal y como la conocemos. Fatídico día para el mundo, en el que unos pocos acabaron con la vida de muchos. Curiosamente, algo parecido pasó por la otra parte, pero esta vez no eran unos terroristas, sino políticos y banqueros con traje y corbata.

El 11S significó la depresión máxima también en los mercados, ya que Wall Street  tras la burbuja de las punto com, sufrió una de sus peores caídas en un solo día de su historia, cayendo más de un 7%.
Ante este desastre, Bush, la FED y por extensión, el BCE,  tienen la genial idea de bajar los tipos de interés, llegando hasta el 1% en 2003, lo que se podría denominar como “casi regalar dinero” con el objetivo de reanimar el crédito y con él los mercados, bajo el lema de: Todo el mundo merece una casa.

El planteamiento era sencillo y tenía sentido: aumento del gasto público en obra y privatización del suelo, con el objetivo de aumentar la Oferta de vivienda, y por lo tanto mediante una simple regla de 3 (ley de la Oferta y la Demanda) reducir el precio de la vivienda, consiguiendo el objetivo de que todo el mundo obtuviese una casa, se reanimase la economía y todos contentos.

Esto mismo llegó a España, donde con Aznar, también se siguió el modelo estadounidense. España construía en un año, más vivienda que Francia, Alemania e Italia juntas. Pero algo fallaba, algo no iba del todo bien. La vivienda, lejos de bajar el precio, SUBÍA, Y CADA VEZ MÁS. Esto se debe a que la demanda superó a la propia oferta, usando la vivienda como una inversión inmobiliaria con la cuál sacar beneficio, primero a largo plazo, después a medio y la fiesta fue tal que se sacaban ingentes cantidades de dinero incluso a corto plazo.

Mientras tanto, la gente dejaba de soñar con ser médico, abogado o empresario, aquellos que deseaban estudiar eran arquitectos, y los que no, no pasa nada, siempre habrá un hueco para un albañil, NO ESTUDIES ¡a trabajar del ladrillo se ha dicho!
Esto redujo el paro a una cifra récord, desde el 22% hasta apenas el 9% en 2005. Pero claro, había un problema, los trabajos creados por lo general eran precarios y con un salario que por lo general, no aumentó en gran medida (un albañil podía cobrar un sueldo entre 1.200-1.400€ de media).
Sin embargo, la vivienda pasaba de pagarse de 900€/m2 a más de 2.500€/m2 en apenas 10 años. Por lo que surge la duda: ¿Cómo iban estos a ser capaces de comprar vivienda, si esta no dejaba se subir, mientras que los salarios no se movían? Ningún problema, damas y caballeros, entran a escena LOS BANCOS.

Los bancos se sumaron a la fiesta, con las tan amadas hipoteca (préstamos a cascoporro) para financiar la compra de vivienda, con la propia vivienda como único aval y con unos intereses que te lo quitan de las manos, pudiendo pagar la hipoteca en cómodos plazos, financiándose a largo plazo y endeudándose a corto plazo. Y tranquilo, que si en algún momento no puedes pagar la hipoteca, vendes la casa, recuperas la inversión y además ganas dinero, ¡el negocio del siglo sin hacer nada! Esto fomentó que incluso aquellos considerados "ninjas" (sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades) pidieran hipotecas con el simple objetivo de enriquecerse, porque recuerda: LOS PRECIOS SIEMPRE SUBEN, NUNCA BAJAN.

Es entonces cuando llegamos a 2007, con una vivienda con precios absolutamente disparados y sobrenaturales, a casi 3.000€/m2. Entre 2004 y 2006, la FED había fomentado una subida de tipos de hasta el 5-7%. Esto supuso una bajada de la demanda, ya que dejaba de ser gratis y fácil ser rico y literalmente no había más zonas donde edificar, por lo que la vivienda empezó a bajar de precio. Esto disparó la tasa de morosidad porque las personas no podían devolver sus préstamos a los bancos, ya que no podían vender sus casas, y estas no las querían ni los propios bancos, pues no valían nada y nadie las quería comprar. Eran considerados literalmente activos basura. Y así sucesivamente provocando un efecto dominó que no pintaba nada bien.

Los bancos especulaban y operaban entre ellos con todos estos activos tóxicos, que de la noche a la mañana, se convertían de AAA (bajo riesgo) a BBB (alto riesgo). Los bancos necesitaban liquidez ante el aumento de impagos (defaults), pero el Euribor, libor y todo el resto de tipos de interés se disparaban, ya que nadie quería financiar el desastre de estos bancos, por lo que la gente se refugiaba en las materias primas, disparándose el precio de estas más de un 20% (sí, hubo una vez que el barril de petróleo costaba más de 100$).

La deuda  de las cajas comenzó a ser descomunal, ya que la creación de riqueza ya no generaba crecimiento, sino que el proceso se había invertido, el crecimiento era el que generaba riqueza, siendo todo esto originado por una monstruosa deuda, ya que el dinero no caía del cielo.
Así, de la noche a la mañana, se desenterró la enorme crisis crediticia estadounidense, que contagió rápidamente a todo el mundo, a partir de la cual los bancos dejaron de prestar dinero, los inversores dejaron de comprar deuda y el miedo llevó a la ira, la ira llevó al odio y el odio llevó al pánico extremo. Como nadie prestaba dinero, el consumo se desplomó, las empresas empezaron a despedir en masa, dejando primero a todos los dedicados a la construcción en la calle. La mayoría de ellos no tenían formación ni posibilidad de reincorporarse al mercado laboral, vamos, con una mano delante y otra detrás, aumentando el paro a máximos. Y toda esta ficción, de la noche a la mañana, recibió un jarro de agua, no fría, sino congelada. Habíamos estado viviendo 10 años por encima de nuestras posibilidades, siendo la productividad menor que los ingresos, y lo íbamos a pagar duro, ya te digo que lo íbamos a pagar, estallando la mayor burbuja de la historia.

El 15 de Septiembre de 2008, Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión más grandes del mundo, quebró. Con un pasivo de $613.000 millones, supuso la mayor quiebra de la historia hasta el momento. Con este, muchos otros se fueron, y esto podría haber sido mucho peor, ya que compañías como AIG (la mayor aseguradora del mundo), debido a que no podían hacer frente a los seguros hipotecarios (CDS), vio cómo su valor en bolsa se reducía de más de 1.500$/acción a 5$/acción (sí, es así, no me he comido ni añadido ceros de más), salvada gracias a su nacionalización por parte del gobierno estadounidense.



Como resultado final, la bolsa cayó casi un 60%, con una deuda de 950 mil millones de $, 200 mil millones de $ en rescates a entidades y estímulos de los bancos centrales.

Hoy en día, aquellos verdaderamente culpables de esta orgía crediticia y engaño hacia todos nosotros, los contribuyentes. Los verdaderos culpables de inflar la oferta de crédito muy por encima de los niveles de ahorro que había detrás de ese crédito, son los que hoy deberían estar entre rejas. Todos esos banqueros que globalizaron bonos basura y nos tiraron de cabeza a la mayor crisis financiera de la historia, son los responsables de jugar con el fin de la Economía moderna. Pero ellos no estaban solos, pues alguien debió permitirles todo este escándalo, unos sujetos que hablan mucho, hacen poco y saben menos, y que, sin embargo, nos controlan. Sí, hablamos de los políticos. Está de moda criticar la crisis del 2008 como una derrota del Capitalismo y el Libre Mercado, que el Laissez Faire financiero casi nos cuesta un riñón y parte del otro. Pero en el mundo que nosotros imaginamos, no pagan justos por pecadores En el mundo que imaginamos no se nacionaliza a aquellos que apostaron contra ti hace 2 días. En el mundo que imaginamos esta gente, estaría en la cárcel y no en un yate en Marbella con el dinero de todos nosotros.  No es una derrota del liberalismo, más bien de la socialdemocracia.





Esto es todo por hoy joven padawan. Somos El club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Los misterios de los mercados financieros

Por estos lares hablamos de cosas que trascienden a nuestros sentidos y nos llevan a buscar la comprensión de misterios infinitos de la existencia. Preguntas como: ¿por qué a Hulk se le rompe toda la ropa menos los pantalones? ¿La tortilla con o sin cebolla? O ¿qué demonios hay que hacer si ves un animal en peligro de extinción comiéndose una planta en peligro de extinción? Preguntas cuyas respuestas sólo las tiene Dios o el creador del Trivial Pursuit. Pero hoy toca hablar de algo que, al igual que la segunda parte de Independence Day, a primera vista no resulta muy atractivo, pero que si te fijas bien es absolutamente espantoso: los mercados financieros.

La actualidad sobre los mercados financieros está hasta en la sopa, así que, aunque a simple vista no guste mucho, sí que parece importante. Haciendo un esfuerzo vamos a explicar un poco de qué va la cosa y por qué puede llegar a ser interesante

Para empezar, estos mercados financieros operan en un entorno de libre mercado, es decir, los precios de los activos siempre se rigen por la oferta y la demanda confiando plenamente en la libre interacción de compradores y vendedores, o regulados, en una economía planificada.

En un primer momento este mercado era un sitio físico donde la gente se reunía para pedir préstamos, hipotecas o comprar y vender acciones. Wall Street sin ir mas lejos empezó siendo en el siglo XVIII una simple calle adyacente al muro que marcaba el límite norte de Nueva York (de ahí que sea “calle del muro”). Hoy en día, sin embargo, vivimos en un mundo totalmente digitalizado y podemos vender rublos o comprar en la bolsa de Hong Kong sin levantar las posaderas del sofá de casa.



Un mercado financiero no es como el Mercadona o la verdulería de al lado de tu casa. Los que participan en un mercado financiero no lo hacen con la intención de consumir los productos que adquieren, sino de obtener un beneficio a partir de este. El beneficio puede obtenerse de múltiples formas: comprar un activo y mantenerlo buscando rentabilidad, comprar un activo y venderlo a un precio superior... Asimismo, hay un sinfín de mercados diferentes, como el Forex, que comercia con divisas, el mercado de acciones, el mercado de materias primas, pasando por los mercados primarios y secundarios, nacionales, internacionales y demás.

De hecho, la actividad financiera aporta tantas oportunidades actualmente que es posible ganar dinero hasta cuándo el mercado se hunde. Sí, habéis oído bien: hasta cuando baja el mercado puedes ganar. Esto se llama operar en corto. La actividad financiera puede aportar tantas oportunidades, que actualmente no sólo es posible comprar un activo y venderlo cuando es más caro, sino que también se permite realizar la inversa, vender algo que no tienes, generando una obligación de compra posterior, en la cuál tu no esperarás comprar a un mayor precio, sino que querrás que el precio caiga.

Estos mercados financieros fueron creados por nada más y nada menos que los bancos. Como ya hablamos en este artículo, las finanzas son esa parte de la economía que estudia el dinero y los bancos fueron los que comenzaron esta actividad financiera mediante la creación del cociente de caja, que esconde una gran mentira que tenemos que creer. Vamos a explicarlo con un ejemplo: Paco va a su banco de “confianza” y decide abrir un depósito, en el que ingresa 10.000€. Estos capitalistas, muy astutos ellos, aplican un coeficiente de caja del 10%, por lo que 1.000€ de Paco se quedarán en el Banco y 9.000€ serán usados para nuevas actividades financieras, como préstamos. Por lo que al siguiente día viene Juan y pide un préstamo de 9.000€ y lo vuelve a depositar en el banco, el cual volverá a aplicar este 10%. Lo que indirectamente se está produciendo, es que se está creando dinero artificialmente, que realmente no existe, ya que con que tan sólo a este banco acudan 5 clientes más, de los 10.000€ iniciales y reales que depositó Paquito, hemos creado más de 40.000€, que no es material, no existe, es completamente fiduciario y se basa en la confianza de que a la gente un día no se le va a ir la olla, y van a reclamar todo su dinero al banco “de confianza”, ya que este no existe.

Para finalizar, un mercado financiero perfecto sería aquel que posee una gran amplitud y profundidad y una libertad plena, sin barreras de entrada y salida, ni injerencias estatales y con total flexibilidad y transparencia. Estas características esenciales fueron más o menos quebrantadas en su momento y gracias a ello se produjo la crisis de 2008 (os sonará Lehman Brothers :D). Pero ya hablaremos de esto en otro momento. Al final la solución para todo es sólo una cosa: la Libertad.


Esto es todo por hoy, joven padawan. Somos el Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.