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lunes, 28 de noviembre de 2016

Economía de mercado, ¿y eso qué es?

Hoy toca entrar más en materia, así que vamos a hablar de ese coso llamado economía de mercado. La economía de mercado es la única forma por la que podemos entender la Economía hoy en día. Sin embargo, la economía de mercado, como los Pokémon, puede ser de muchos tipos.

Pongámonos en situación: finales de la década de los 80, ese viejo fantasma del comunismo cae con la Unión Soviética y se asiste a uno de los cambios más importantes del siglo XX. Este hecho fue de gran importancia para el capitalismo, pues se confirmaba como modelo económico dominante a nivel mundial dos siglos después de que un fulano llamado Adam Smith sentara sus bases.

                                                   Fulano Smith


Este señor defendía que tanto las familias y las empresas interactúan en los mercados guiados por una “mano invisible” que permite la autorregulación del propio mercado. De este modo, esta interacción entre la oferta (empresas) y la demanda (familias) es la única manera de lograr el bienestar social. Contrariamente a esta teoría en la que millones de personas toman decisiones que influyen en la economía, se encuentra su opuesta, el intervencionismo, en la que el Gobierno toma todas estas decisiones porque un político sabe lo que quiere el consumidor más que el propio consumidor (?).

Hoy en día se asocia economía de mercado a capitalismo pues, como ya hemos dicho, es éste el modelo económico hegemónico en la actualidad. Sin embargo, no siempre fue así. Es en el siglo XIX cuando surge la división moderna entre las dos posturas: los defensores del libre mercado y los defensores del intervencionismo del Estado en el mercado. De ésta última surge otro modelo de la mano de un señor con muy pocas ganas de trabajar llamada marxismo, pero esa la dejaremos para otro momento.

Por un lado, los defensores del intervencionismo del Estado consideran que éste tenga un gran peso en la economía, ya que mediante el control del Gobierno la economía es más eficiente, al velar por el bien común. Este intervencionismo no sale gratis y se debe financiar vía robo, perdón, impuestos, quería decir impuestos. Algunos de los más grandes economistas han defendido este sistema como Stiglitz, Samuelson y probablemente uno de los más influyentes economistas de la historia, John Mayard Keynes. Este sistema de intervencionismo a veces puede derivar en medidas proteccionistas que se basan en cerrar las fronteras de la economía, imponer aranceles elevados y comerte los mocos. Normalmente el niño que no quiere compartir se queda sólo en el patio y así les va.

Por otro lado, los defensores del libre mercado, que somos más guapos, más altos y tenemos más pelo, defienden que el Estado es necesario, pero el control de la economía no debe estar en manos de un grupillo de funcionarios, sino que el mercado se autorregula por las decisiones de los propios consumidores. En esta ecuación el papel del Estado, por lo tanto, es velar por los derechos y libertades fundamentales de todos los ciudadanos (libertad de propiedad, libertad de expresión, libertad de asociación...) con la menor interferencia en el mercado posible. Los ideales de este libre mercado se resumen con el “laissez faire, laissez passer” (dejen hacer, dejen pasar), en el sentido de que se debe dejar actuar al mercado por su cuenta. Adam Smith lo explicaría con la frase: “En la competencia, la ambición individual beneficia al bien común” (este tipo decía muchas cosas interesantes). Lo que viene a decir tito Adam con esto es que en un mercado libre las empresas compiten y sólo sobreviven aquellas que aportan un mayor valor y satisfacen mejor las necesidades de las personas. De este modo, las empresas mejoran para aumentar su beneficio y las personas escogen aquellas que les satisfacen más, obteniéndose así un beneficio mutuo. En este pensamiento se encuentran todos los economistas de la Escuela austríaca, como Ludwig von Mises, y la Escuela de Chicago como Milton Friedman y otros tantos. Mención especial merece Friedrich Hayek, de la Escuela austríaca, que escribió Camino de servidumbre, donde le da tantos palos al colectivismo como para construir un fuerte. La moraleja que se extrae de esta gente es que el único modelo verdaderamente eficiente y que es compatible con la libertad humana es el libre mercado.


Esto es todo por hoy, joven padawan. Somos El Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.