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domingo, 15 de enero de 2017

Lo que no sabías de la Crisis de 2008


Atención, el artículo que está a punto de presenciar podría dañar gravemente su salud mental, ya que hoy El club de la Economía va a tratar sobre lo que es probablemente el tema de la economía en el siglo XXI. Aquel que está en boca de todos, pero del que nadie sabe nada, un tema oscuro a la par que delicado. Se recomienda leer previamente nuestro artículo sobre los mercados financieros, para poder saborear al máximo este, en el que El club de la Economía jura solemnemente que conocerás, al fin, la verdad sobre la Crisis de 2008, también conocida como Crisis Subprime. Comencemos.

11 de Septiembre de 2001, caída de las Torres Gemelas. Lo recordamos como si fuera ayer. En nuestro caso, muy jóvenes y no creyendo lo que estaba pasando, y sobre todo, inocentes ante lo que estaba a punto de desencadenar el casi hundimiento del sistema financiero y la Economía tal y como la conocemos. Fatídico día para el mundo, en el que unos pocos acabaron con la vida de muchos. Curiosamente, algo parecido pasó por la otra parte, pero esta vez no eran unos terroristas, sino políticos y banqueros con traje y corbata.

El 11S significó la depresión máxima también en los mercados, ya que Wall Street  tras la burbuja de las punto com, sufrió una de sus peores caídas en un solo día de su historia, cayendo más de un 7%.
Ante este desastre, Bush, la FED y por extensión, el BCE,  tienen la genial idea de bajar los tipos de interés, llegando hasta el 1% en 2003, lo que se podría denominar como “casi regalar dinero” con el objetivo de reanimar el crédito y con él los mercados, bajo el lema de: Todo el mundo merece una casa.

El planteamiento era sencillo y tenía sentido: aumento del gasto público en obra y privatización del suelo, con el objetivo de aumentar la Oferta de vivienda, y por lo tanto mediante una simple regla de 3 (ley de la Oferta y la Demanda) reducir el precio de la vivienda, consiguiendo el objetivo de que todo el mundo obtuviese una casa, se reanimase la economía y todos contentos.

Esto mismo llegó a España, donde con Aznar, también se siguió el modelo estadounidense. España construía en un año, más vivienda que Francia, Alemania e Italia juntas. Pero algo fallaba, algo no iba del todo bien. La vivienda, lejos de bajar el precio, SUBÍA, Y CADA VEZ MÁS. Esto se debe a que la demanda superó a la propia oferta, usando la vivienda como una inversión inmobiliaria con la cuál sacar beneficio, primero a largo plazo, después a medio y la fiesta fue tal que se sacaban ingentes cantidades de dinero incluso a corto plazo.

Mientras tanto, la gente dejaba de soñar con ser médico, abogado o empresario, aquellos que deseaban estudiar eran arquitectos, y los que no, no pasa nada, siempre habrá un hueco para un albañil, NO ESTUDIES ¡a trabajar del ladrillo se ha dicho!
Esto redujo el paro a una cifra récord, desde el 22% hasta apenas el 9% en 2005. Pero claro, había un problema, los trabajos creados por lo general eran precarios y con un salario que por lo general, no aumentó en gran medida (un albañil podía cobrar un sueldo entre 1.200-1.400€ de media).
Sin embargo, la vivienda pasaba de pagarse de 900€/m2 a más de 2.500€/m2 en apenas 10 años. Por lo que surge la duda: ¿Cómo iban estos a ser capaces de comprar vivienda, si esta no dejaba se subir, mientras que los salarios no se movían? Ningún problema, damas y caballeros, entran a escena LOS BANCOS.

Los bancos se sumaron a la fiesta, con las tan amadas hipoteca (préstamos a cascoporro) para financiar la compra de vivienda, con la propia vivienda como único aval y con unos intereses que te lo quitan de las manos, pudiendo pagar la hipoteca en cómodos plazos, financiándose a largo plazo y endeudándose a corto plazo. Y tranquilo, que si en algún momento no puedes pagar la hipoteca, vendes la casa, recuperas la inversión y además ganas dinero, ¡el negocio del siglo sin hacer nada! Esto fomentó que incluso aquellos considerados "ninjas" (sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades) pidieran hipotecas con el simple objetivo de enriquecerse, porque recuerda: LOS PRECIOS SIEMPRE SUBEN, NUNCA BAJAN.

Es entonces cuando llegamos a 2007, con una vivienda con precios absolutamente disparados y sobrenaturales, a casi 3.000€/m2. Entre 2004 y 2006, la FED había fomentado una subida de tipos de hasta el 5-7%. Esto supuso una bajada de la demanda, ya que dejaba de ser gratis y fácil ser rico y literalmente no había más zonas donde edificar, por lo que la vivienda empezó a bajar de precio. Esto disparó la tasa de morosidad porque las personas no podían devolver sus préstamos a los bancos, ya que no podían vender sus casas, y estas no las querían ni los propios bancos, pues no valían nada y nadie las quería comprar. Eran considerados literalmente activos basura. Y así sucesivamente provocando un efecto dominó que no pintaba nada bien.

Los bancos especulaban y operaban entre ellos con todos estos activos tóxicos, que de la noche a la mañana, se convertían de AAA (bajo riesgo) a BBB (alto riesgo). Los bancos necesitaban liquidez ante el aumento de impagos (defaults), pero el Euribor, libor y todo el resto de tipos de interés se disparaban, ya que nadie quería financiar el desastre de estos bancos, por lo que la gente se refugiaba en las materias primas, disparándose el precio de estas más de un 20% (sí, hubo una vez que el barril de petróleo costaba más de 100$).

La deuda  de las cajas comenzó a ser descomunal, ya que la creación de riqueza ya no generaba crecimiento, sino que el proceso se había invertido, el crecimiento era el que generaba riqueza, siendo todo esto originado por una monstruosa deuda, ya que el dinero no caía del cielo.
Así, de la noche a la mañana, se desenterró la enorme crisis crediticia estadounidense, que contagió rápidamente a todo el mundo, a partir de la cual los bancos dejaron de prestar dinero, los inversores dejaron de comprar deuda y el miedo llevó a la ira, la ira llevó al odio y el odio llevó al pánico extremo. Como nadie prestaba dinero, el consumo se desplomó, las empresas empezaron a despedir en masa, dejando primero a todos los dedicados a la construcción en la calle. La mayoría de ellos no tenían formación ni posibilidad de reincorporarse al mercado laboral, vamos, con una mano delante y otra detrás, aumentando el paro a máximos. Y toda esta ficción, de la noche a la mañana, recibió un jarro de agua, no fría, sino congelada. Habíamos estado viviendo 10 años por encima de nuestras posibilidades, siendo la productividad menor que los ingresos, y lo íbamos a pagar duro, ya te digo que lo íbamos a pagar, estallando la mayor burbuja de la historia.

El 15 de Septiembre de 2008, Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión más grandes del mundo, quebró. Con un pasivo de $613.000 millones, supuso la mayor quiebra de la historia hasta el momento. Con este, muchos otros se fueron, y esto podría haber sido mucho peor, ya que compañías como AIG (la mayor aseguradora del mundo), debido a que no podían hacer frente a los seguros hipotecarios (CDS), vio cómo su valor en bolsa se reducía de más de 1.500$/acción a 5$/acción (sí, es así, no me he comido ni añadido ceros de más), salvada gracias a su nacionalización por parte del gobierno estadounidense.



Como resultado final, la bolsa cayó casi un 60%, con una deuda de 950 mil millones de $, 200 mil millones de $ en rescates a entidades y estímulos de los bancos centrales.

Hoy en día, aquellos verdaderamente culpables de esta orgía crediticia y engaño hacia todos nosotros, los contribuyentes. Los verdaderos culpables de inflar la oferta de crédito muy por encima de los niveles de ahorro que había detrás de ese crédito, son los que hoy deberían estar entre rejas. Todos esos banqueros que globalizaron bonos basura y nos tiraron de cabeza a la mayor crisis financiera de la historia, son los responsables de jugar con el fin de la Economía moderna. Pero ellos no estaban solos, pues alguien debió permitirles todo este escándalo, unos sujetos que hablan mucho, hacen poco y saben menos, y que, sin embargo, nos controlan. Sí, hablamos de los políticos. Está de moda criticar la crisis del 2008 como una derrota del Capitalismo y el Libre Mercado, que el Laissez Faire financiero casi nos cuesta un riñón y parte del otro. Pero en el mundo que nosotros imaginamos, no pagan justos por pecadores En el mundo que imaginamos no se nacionaliza a aquellos que apostaron contra ti hace 2 días. En el mundo que imaginamos esta gente, estaría en la cárcel y no en un yate en Marbella con el dinero de todos nosotros.  No es una derrota del liberalismo, más bien de la socialdemocracia.





Esto es todo por hoy joven padawan. Somos El club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.

domingo, 11 de diciembre de 2016

De por qué valoramos el oro

Si hay algo que ha marcado la historia económica y por extensión la historia de la humanidad desde vete tú a saber cuándo hasta hoy en día es el oro. Desde que el hombre empieza a realizar los primeros intercambios comerciales con la aparición de la agricultura, el oro ha sido aceptado como moneda. También hemos hecho joyería con él, lo hemos utilizado para fabricar las medallitas de los JJOO e incluso nos lo hemos comido pensando que alargaba la vida.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué a cualquier hijo de vecino le entusiasma recibir un cubo de oro, pero no le entusiasma tanto un cubo de estaño? ¿Y quién leches decidió que el oro era el metal valioso y no cualquier otra cosa? La respuesta es sencilla: porque no había otra opción más que el oro. Si cogéis una tabla periódica os lo explicaré (ya os la cojo yo que os oigo quejaros desde aquí).


           Tabla periódica (no tiene nada que ver con el período de las mujeres)     


En primer lugar, vamos a fijarnos en la parte derecha de la tabla. Por esa zona están los gases nobles que, como su propio nombre indica, son gases. Difícilmente vamos a poder usar un gas como moneda (imaginad estar pagando en la cola del Mercadona con un globito), por lo que podemos descartarlos junto a los demás elementos químicos que se encuentran en estado gaseoso a temperatura y presión ambiente. También podemos descartar aquellos elementos que se encuentran en estado líquido, el bromo y el mecurio, que además son altamente tóxicos, así que quedan doblemente descartados.

Si nos vamos ahora a la izquierda veremos a los metales alcalinos y alcalinotérreos. Este tipo de elementos se caracterizan por ser muy reactivos y pueden explotar así que mejor dejarlos también. Igualmente podemos descartar los elementos radiactivos, pues no sería bonito que las monedillas que llevas para comprar el pan te dieran cáncer.

Hechos estos ajustes, habrás comprobado, avispado lector, que únicamente nos quedamos con la parte central de la tabla, es decir, los metales de transición. Cogiendo otra vez el rotulador podemos tachar algunos como el titanio, ya que se necesitarían temperaturas enormes para poder fundirlo, y otros como el aluminio son muy endebles para ser usados como monedas. Elementos como el hierro, el plomo o el cobre pudieran parecer buenos candidatos, pero tienen un problema y es que tienen mucha tendencia a ceder electrones, o lo que es lo mismo: que se oxidan cosa mala.

Llegados a este punto encontramos estos finalistas: platino, paladio, rodio, iridio, osmio, rutenio y cómo no la plata y el oro. Estos metales reaccionan muy poco químicamente y son muy raros. Algunos podemos descartarlos porque son tan extremadamente raros que no resultarían prácticos, como el rodio. Otros los podemos tachar por el motivo ya citado de la elevada temperatura de fusión (el osmio se funde a más de 3000 ºC). Así que finalmente nos quedamos con los dos que nos teníamos que quedar: el oro y la plata. Ambos son escasos, pero no demasiado, se funden a una temperatura prudente y se pueden trabajar bien. Sin embargo, la plata se termina oscureciendo con el tiempo, mientras que el oro conserva su particular brillo dorado muchísimo tiempo y lo vuelve más atractivo que la plata. Alguno también podría pensar en el bronce y sí que se ha utilizado como moneda en algún momento, pero éste es una aleación de cobre y estaño y no un elemento químico como tal. El bronce también tiene mucha tendencia a oxidarse y es relativamente abundante, así que se ve superado por el oro como candidato.

Resumiendo, el oro tiene valor porque históricamente no ha servido para absolutamente nada más que para ser dinero. Es un metal no tóxico, no reacciona químicamente, se funde con facilidad y no tiene grandes propiedades aparte de su brillo, es decir, no tiene ningún valor intrínseco más allá del que le damos nosotros. Además es muy raro y esto es necesario.

¿Hasta qué punto es raro el oro? No existe mucho consenso sobre la cantidad de oro que hay en la Tierra, pero los principales análisis dan cifras que oscilan en torno a las 160.000 toneladas, lo que equivaldría a un poco más de tres piscinas olímpicas llenas de oro.




            
Tomando el valor de la onza de oro actual en el momento de escribir este artículo podemos calcular que aproximadamente el valor total de oro que hay sobre el mundo asciende a 6,21 billones de euros (doce ceros). Sin embargo, no hay que dejarse impresionar por estas cifras. Comparadas con las cantidades de otros metales como el hierro o el plomo son ridículas. Para poner las cosas en contexto, el porcentaje de oro en la corteza terrestre es del 0,000007%, lejos del 5% del hierro.

Como ya he dicho antes, el oro ha jugado un papel fundamental en la historia económica de la humanidad. La riqueza de un país siempre se ha medido en función de sus reservas de oro, es decir, el llamado patrón oro, que fijaba la unidad monetaria en términos de una determinada cantidad de oro. Sin embargo, los países lo fueron abandonando con la Gran Depresión ya que no podías jugar a imprimir billetes con el susodicho patrón oro. El último país en abandonarlo fue EEUU en 1973 a raíz de la guerra de Vietnam, pues no tenía suficiente oro para respaldar todos los dólares que tuvo que imprimir para financiar la guerra. De todo esto ya hablaremos otro día porque hay mucha tela que cortar.

A lo largo de la historia, el oro nunca ha desaparecido, sino que se recicla. Esto viene a decir que si tienes un anillo de oro existe la posibilidad de que parte de ese oro fuera utilizado para acuñar una moneda de Augusto en su día. Además, se ha ido descubriendo más y más oro. Hoy en día se estima que quedan alrededor de 50.000 toneladas de oro extraíbles en el mundo. Sin embargo, actualmente utilizamos el oro de manera diferente porque parece ser que sí que sirve para algo más que para ser dinero: en la industria. Cerca del 12% de todo el oro es utilizado en este sector. No obstante, la cantidad de oro empleada en cada dispositivo electrónico es ínfima, por lo que reciclarla no es rentable. En otras palabras, por primera vez en la historia estamos gastando oro.

Esto es todo por hoy, joven padawan. Somos El Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Economía de mercado, ¿y eso qué es?

Hoy toca entrar más en materia, así que vamos a hablar de ese coso llamado economía de mercado. La economía de mercado es la única forma por la que podemos entender la Economía hoy en día. Sin embargo, la economía de mercado, como los Pokémon, puede ser de muchos tipos.

Pongámonos en situación: finales de la década de los 80, ese viejo fantasma del comunismo cae con la Unión Soviética y se asiste a uno de los cambios más importantes del siglo XX. Este hecho fue de gran importancia para el capitalismo, pues se confirmaba como modelo económico dominante a nivel mundial dos siglos después de que un fulano llamado Adam Smith sentara sus bases.

                                                   Fulano Smith


Este señor defendía que tanto las familias y las empresas interactúan en los mercados guiados por una “mano invisible” que permite la autorregulación del propio mercado. De este modo, esta interacción entre la oferta (empresas) y la demanda (familias) es la única manera de lograr el bienestar social. Contrariamente a esta teoría en la que millones de personas toman decisiones que influyen en la economía, se encuentra su opuesta, el intervencionismo, en la que el Gobierno toma todas estas decisiones porque un político sabe lo que quiere el consumidor más que el propio consumidor (?).

Hoy en día se asocia economía de mercado a capitalismo pues, como ya hemos dicho, es éste el modelo económico hegemónico en la actualidad. Sin embargo, no siempre fue así. Es en el siglo XIX cuando surge la división moderna entre las dos posturas: los defensores del libre mercado y los defensores del intervencionismo del Estado en el mercado. De ésta última surge otro modelo de la mano de un señor con muy pocas ganas de trabajar llamada marxismo, pero esa la dejaremos para otro momento.

Por un lado, los defensores del intervencionismo del Estado consideran que éste tenga un gran peso en la economía, ya que mediante el control del Gobierno la economía es más eficiente, al velar por el bien común. Este intervencionismo no sale gratis y se debe financiar vía robo, perdón, impuestos, quería decir impuestos. Algunos de los más grandes economistas han defendido este sistema como Stiglitz, Samuelson y probablemente uno de los más influyentes economistas de la historia, John Mayard Keynes. Este sistema de intervencionismo a veces puede derivar en medidas proteccionistas que se basan en cerrar las fronteras de la economía, imponer aranceles elevados y comerte los mocos. Normalmente el niño que no quiere compartir se queda sólo en el patio y así les va.

Por otro lado, los defensores del libre mercado, que somos más guapos, más altos y tenemos más pelo, defienden que el Estado es necesario, pero el control de la economía no debe estar en manos de un grupillo de funcionarios, sino que el mercado se autorregula por las decisiones de los propios consumidores. En esta ecuación el papel del Estado, por lo tanto, es velar por los derechos y libertades fundamentales de todos los ciudadanos (libertad de propiedad, libertad de expresión, libertad de asociación...) con la menor interferencia en el mercado posible. Los ideales de este libre mercado se resumen con el “laissez faire, laissez passer” (dejen hacer, dejen pasar), en el sentido de que se debe dejar actuar al mercado por su cuenta. Adam Smith lo explicaría con la frase: “En la competencia, la ambición individual beneficia al bien común” (este tipo decía muchas cosas interesantes). Lo que viene a decir tito Adam con esto es que en un mercado libre las empresas compiten y sólo sobreviven aquellas que aportan un mayor valor y satisfacen mejor las necesidades de las personas. De este modo, las empresas mejoran para aumentar su beneficio y las personas escogen aquellas que les satisfacen más, obteniéndose así un beneficio mutuo. En este pensamiento se encuentran todos los economistas de la Escuela austríaca, como Ludwig von Mises, y la Escuela de Chicago como Milton Friedman y otros tantos. Mención especial merece Friedrich Hayek, de la Escuela austríaca, que escribió Camino de servidumbre, donde le da tantos palos al colectivismo como para construir un fuerte. La moraleja que se extrae de esta gente es que el único modelo verdaderamente eficiente y que es compatible con la libertad humana es el libre mercado.


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domingo, 13 de noviembre de 2016

Las Finanzas, esa gran desconocida

Hoy vamos a hablar de algo muy poco cansado, pero estresante: las Finanzas. En el anterior artículo hablábamos sobre qué diablos era la Economía, que en muchas ocasiones se confunde con las Finanzas. Estos dos conceptos se parecen, pero no son los mismo.


                                            Se parecen, pero no son lo mismo

La Economía trata sobre el uso de bienes y servicios que podrán transformarse en dinero en un futuro y que constituyen la parte Activa del patrimonio de cualquier fulano (contables que nos leáis tened piedad). Las Finanzas, por el contrario, suponen la manera por la cual obtenemos estos bienes y servicios, es decir, trata de aquello que hacemos para poder adquirir los activos que satisfagan nuestras necesidades presentes y futuras, constituyendo la parte Pasiva del patrimonio (esto entra en el examen).

Esta distinción es hilar muy fino y a la hora de la verdad podríamos considerar como finanzas todo tipo de gestión que hagamos con nuestro capital. Por lo tanto, las Finanzas tratan de las condiciones y la oportunidad con las que se consiguen el capital y el uso que se le da a este capital para ganar dinero en las inversiones, al fin y al cabo, ¿quién invierte con el objetivo de perder dinero? (aparte del BCE y aquellos que pierden a piedra, papel, tijera contra Doraemon).

Nos sobra el tiempo, así que vamos a explicar los distintos tipos de finanzas y sus modos de clasificación:

Por una parte habría que distinguir entre las finanzas corporativas, que estudian la forma más conveniente para un inversor de conseguir su dinero (autofinanciándose, pidiendo un préstamo al banco, atracando a señoras mayores...), y el área de valuación de activos, que estudia cómo le conviene a un inversor invertir su dinero, ya sea en acciones, bonos, compraventa de deuda...

Por otra parte también se puede distinguir las finanzas públicas y privadas. Las finanzas privadas (microeconómicas) son las más habituales y se basan en la optimización de las finanzas de la peña en general. Las finanzas privadas incluyen pensiones, préstamos, inversiones en el mercado de valores... Las finanzas públicas (macroecnómicas) tratan de optimizar los objetivos económicos de un Estado, como el PIB, el superávit y esas cositas, utilizando las finanzas privadas para recopilar datos como el consumo, la inversión, las exportaciones, el gasto, los impuestos, y elaborar con ellos el presupuesto, la renta y producción nacional, la política fiscal...

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domingo, 30 de octubre de 2016

¿Qué leches es la Economía?

Reconozcámoslo, actualmente entre el común de los mortales el concepto de Economía es más impopular que un plato de merluza en un comedor escolar. La gente suele asociar la palabra con los bancos, los números pasando por las pantallas de Wall Street y con la típica bolsita con el símbolo del dólar. Otros al escuchar este término directamente te llaman brujo y se echan un poco de sal sobre el hombro. La razón de esto es sencilla: el personal suele evitar aquello que escapa a su entendimiento. Y no hacen mal, ya que la Economía a veces es tan incomprensible como la cuenta de Twitter de Ferran Adrià.


                                                           La Economía


Sin embargo, aquí estamos para hacer comprensible lo incompresible, inteligible lo ininteligible (alerta por pedante).

Al igual que la democracia, los yogures y las señoras con bigote la palabra “economía” viene de Grecia, del término oikonomos, que significa “el que dirige el hogar”. Aquí vamos a hacer una paradinha porque lo merece. ¿Por qué el que dirige el hogar? Bien, la Economía se dedica a a investigar la mejor distribución y uso de los recursos con el objetivo de satisfacer las necesidades humanas. Estos recursos reciben el nombre de bienes si son tangibles, como un coche o un ordenador, y servicios si se trata de un recurso intangible como el turismo.

Por lo tanto, en un hogar se deben tomar muchas decisiones, administrando las tareas y lo que cada miembro recibe a cambio. ¿Quién barre? (tu padre), ¿quién hace la cena? (tu madre), ¿quién friega? (tu padre otra vez, ya podrías hacer algo tú que eres más perro que Niebla). En conclusión el hogar debe distribuir sus recursos escasos entre varios miembros teniendo en cuenta las competencias de cada miembro.

Sin embargo, hay que diferenciar la Economía de las Finanzas. Mientras que la Economía estudia todo tipo de recurso escaso, las Finanzas son una parte de la Economía que estudia el dinero y cómo obtenerlo.

Poniéndonos un poco generalistas, podríamos dividir sobretodo 2 tipos de usos y estudio de la Economía: por un lado estaría la Teoría Económica, en la que se estudian los grandes teoremas de los autores más importantes de la historia y que más han aportado al progreso y desarrollo de la ciencia económica (Adam Smith, David Ricardo, Ludwing con Mises, Friedrich Hayek, Milton Friedman...) y otros que se dicen ser economistas, parecen bastante conocidos y se atribuyen grandes méritos (Karl Marx, John Maynard Keynes...). Por otro lado estaría la Economía aplicada y práctica, la cuál sirve para realizar los macroanálisis económicos, Economía cuantitiva y cualitativa...

Pero poniéndonos exquisitos, podemos dividir la Economía en dos partes; microeconomía y macroeconomía. La microeconomía trata sobre el estudio de las decisiones económicas tomadas por los agentes económicos como las familias (demanda), las empresas (oferta) y el mercado (encuentro entre oferta y demanda). La macroeconomía, por el contrario, trata del estudio de la oferta y la demanda de forma agregada, es decir, la macroeconomía toma todos los datos microeconómicos y los usa en su conjunto para elaborar el PIB, la tasa de paro, el IPC... Para que nos entendamos, si yo quiero comprar una camisa en Primark ese precio se debe adaptar a las personas que lo demandan (tampoco muchas, que no se flipen) y al número de camisas que oferten. Si se llega a este equilibrio los de Primark obtienen un beneficio y se pueden expandir y contratar a más gente para doblar la ropa (que falta les hace). Todo esto formaría parte de la microeconomía, mientras que la macroeconomía estudiaría los resultados de todas las empresa de manera conjunta para elaborar ese PIB y esa tasa de paro que hemos mencionado antes.


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