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lunes, 6 de noviembre de 2017

Los entresijos de la bolsa: ¿Quiénes intervienen en los mercados financieros?



En este artículo toca hablar de un asunto importante, pero que suele pasar bastante desapercibido. Esta ignorada y fundamental cuestión no es otra que la identidad de los tipos que hacen posible que los mercados financieros funcionen y se desarrollen correctamente. Si bien cualquier hijo de vecino puede ir a su banco y comprar un bono del estado, para que esta acción se lleve a cabo correctamente y sin peligro alguno, hace falta todo un sistema complejo de agentes e instituciones encargadas de realizar la operación y supervisar el mercado. Por ello, y para que dejéis de preguntaros quién “cuida” del mercado y nos permite participar en él,



Podríamos decir que los mercados financieros tienen un sistema "feudal”, ya que podemos ordenar a los que participan en él de forma piramidal, donde la base seríamos nosotros, los inversores particulares; el cuerpo serían los intermediarios financieros y la cúspide serían todas las entidades institucionales. Estas entidades institucionales son aquellas encargadas de supervisar el mercado y asegurarse de su correcto funcionamiento. Éstas serían como el Rey feudal, encargado de los impuestos de su reino y del correcto ejercicio del mismo, ejecutando las leyes que haga falta para llenarse los bolsi…  digo, para que sus campesinos pudiesen vender el trigo a buen precio. Volviendo a las entidades institucionales, podemos dividirla en dos tipos: los que tienen potestad para ejecutar políticas monetarias y los que se encargan de supervisar el buen funcionamiento de los mercados. En el primer tipo encontramos instituciones como el BCE, la FED, etc, aquellos bancos centrales capaces de influir en la economía real y financiera, realizando ajustes macroeconómicos. (de estos hablaremos en próximos artículos, podéis ver lo que es la macroeconomía aquí). Lo normal es que estos ajustes realizados a través de políticas monetarias, vayan acorde a políticas fiscales que tome el Gobierno para llegar a un mismo objetivo económico como es el caso de la FED y la mayoría de bancos centrales. Sin embargo, lo que nos pasa a nosotros en Europa es distinto, ya que tenemos que aceptar lo que diga tito Draghi (BCE), aunque el objetivo de nuestro país sea distinto, ya que formamos una región económica entre varios países europeos, la Unión Europea. Dentro del segundo tipo, los que supervisan el correcto funcionamiento del mercado y en caso de que algún agente se saltase la ley, estos organismos podrían actuar en consecuencia y regular el mercado.

Ya que os hemos explicado los dos tipos, aquí os dejamos unas cuantas instituciones, (no todas ya que hay una infinidad de ellas), tanto nacionales, como europeas, como internacionales, para que vayáis aprendiendo nombres y siglas que se oyen mucho por las noticias:

-          Instituciones internacionales: el Fondo Monetario Internacional (FMI,cuyo objetivo es la estabilidad monetaria internacional), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, creado por carias democracias para ), Organización Mundial del Comercio (OMC, que rige las normas del comercio entre países), Asociación Internacional de Fomento (AIF, entidad del Banco mundial que se encarga de ayudar a los países más pobres)

-          Instituciones Europeas: Banco Central Europeo (BCE, que gestiona el euro, mantiene la estabilidad de los precios y lleva adelante la política económica y monetaria de la UE como dijimos antes), Tribunal de Cuentas Europeo (TCE, encargado de comprobar que los fondos de la UE se utilizan correctamente), Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC, conjunto de los bancos centrales de la unión europea)

-          Instituciones nacionales: La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV, encargada de supervisar los mercados de valores españoles), la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia(CNMC, garantiza que el mercado es competitivo) o Banco de España (Supervisa el sistema bancario español) entre otras, ya que cada país o región económica tiene sus propios organismos.



En el cuerpo de la “pirámide feudal” se encontrarían todos los intermediarios financieros, que se encargarían de poner en contacto a aquel que quiere comprar con el que quiere vender. Éstos serían como la nobleza, encargada de, siguiendo las leyes que ha impuesto su rey, recibir el trigo de los campesinos en sus tierras y vendérselo a aquél que lo quiera, aunque en nuestra pirámide el campesino tiene un poco más de libertad. En este grupo podemos encontrar bancos y entidades de crédito, empresas de seguros y planes de pensiones, brókeres, empresas de asesoramiento financiero y un largo etcétera dependiendo de cada país. Las bolsas de cada país (Bolsa de Milán, Bolsa de España, Bolsa de Nueva York…) también actuarían de intermediario financiero, ya que en éstas cotizan la mayoría de las empresas con su sede o foco de actividad en el país al que éstas pertenecen. Si nosotros quisiéramos comprar bitcoins, que ahora están por las nubes, deberíamos contactar con uno de estos intermediarios financieros que se encargaría de transmitir nuestra solicitud de “compra bitcoins” al mercado correspondiente. En este mercado, existirían distintas ofertas de “vendo bitcoins” que otro intermediario financiero hubiera puesto en él, debido a algún inversor que quisiera vender sus bitcoins. Así pues, a través de estos intermediarios financieros, aquel que quiere comprar bitcoins, puede conectarse con otro que quiera venderlos.

Por último, en la base de esta, nuestra pirámide, nos encontraríamos nosotros, los inversores particulares, encargados de la sustentación del mercado, ya que, sin nosotros, no existiría mercado alguno. En la pirámide feudal, seríamos como los campesinos, sin voz ni voto teniendo que acatar todas las normas que haya, pero que, sin nuestros impuestos y nuestra participación, ni los nobles ni el rey podrían subsistir. Estas unidades económicas particulares son las encargadas de sustentar todo el sistema, ya que, sin nuestra participación en el mercado, todos los intermediarios financieros acabarían en la bancarrota (el noble sin campesinos no sería nadie), y por supuesto, a través de nuestros impuestos, sustentamos el mantenimiento de los organismos supervisores (El rey se sustenta gracias a los impuestos de sus campesinos). De esta forma, a pesar de no influir en las distintas políticas monetarias que se llevan a cabo para regular el mercado, y tener que aceptar la comisión de los distintos intermediarios sin poder rechistar, somos la base del mercado y gracias a nosotros éste se mantiene en pie.


Espero que ahora sepáis quienes cuidan de este mercado y quienes lo sustentan, ya que como acabamos de decir, sin nuestra labor como inversores independientes, no existiría ningún mercado financiero, y a su vez, sin la labor de quienes cuidan este mercado todo iría mejo… digo, el mercado no funcionaría correctamente.  Ahora ya podéis contarles a vuestros amigos cómo el rey influye a los nobles que eligen los vecinos, porque son los vecinos quienes eligen al noble que es elegido por el vecino, el rey. O algo así. 

Esto es todo por hoy, joven padawan. Somos el Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos. 

lunes, 10 de julio de 2017

Del patrón oro a la fe en el dinero




Hace poco explicábamos por qué el ser humano ha valorado siempre el oro durante prácticamente toda su existencia. Explicábamos por qué se convirtió en uno de los actores más fundamentales de la historia económica, superando a otros nombres propios como el euro o el dólar. Hoy toca hablar de uno de los conceptos más cruciales y claves en lo que a economía moderna se refiere. Hablaremos de cuando el dinero era real, y tenía valor intrínseco, y de cómo este valor pasó a estar únicamente en nuestra imaginación. Damas y caballeros, con todos ustedes, demos la bienvenida al patrón oro.

Antes de nada, definamos este concepto del que muchos hemos oído hablar, pero pocos sabemos realmente de qué se trata. El patrón oro, como su nombre indica, es una referencia, una relación que se fija entre una unidad monetaria y una determinada cantidad de oro.  Por tanto, el patrón oro supone un sistema monetario no fiduciario, es decir, no se sustenta en la confianza del poseedor, sino que se sustenta en el oro. Esto viene a decir que los emisores de divisas garantizan que el poseedor de dichas unidades monetarias tenga siempre la posibilidad de canjear su papel moneda por oro. En otras palabras, el patrón oro destruye de raíz la fiesta de unicornios y ositos parlantes que el sistema monetario actual, haciendo de la economía un sistema rígido, en la que cada billete tiene un valor fijo.

Antes de explicar los inicios del patrón oro, vamos a retroceder un poco para ver por qué era necesario. Como dijimos, durante toda nuestra historia la unidad monetaria internacional y comúnmente aceptada ha sido siempre el oro. Sin embargo, a finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, el ser humano comenzó a hacerse más vago, pero en especial más rico, debido a las primeras tendencias liberales y capitalistas. Esto significaba que, conforme la riqueza crecía más y más, las bolsas de monedas de oro circulaban más y más. Pero después de muchos esguinces y contusiones, cómo no, a nuestros amigos los chinos, se les ocurrió algo que Marco Polo introduciría in Europa: el papel moneda.

De este modo, para ahorrarte cargar con bolsas llenas de oro, cual jubilado saliendo del Mercadona, el banco te otorgaba un papelito (un pagaré) en el que certificaban su correspondiente cantidad de oro. Estos papelitos se canjeaban fácilmente y no era necesario trasportar consigo el valor que dicho papelito contenía, ya que bastaba con acudir al banco depositario para volverlo a canjear de nuevo por el oro. Como podemos apreciar, estaba gestándose lo que en un futuro sería el patrón oro, ya que inconscientemente la gente comenzó a comerciar con billetes cuyo valor estaba en todo momento respaldado por una determinada cantidad en oro. Uno de los primeros pensadores que teorizaron sobre el patrón oro fue el británico David Hume, el cual creía que llevaría a un equilibrio general en la economía.

Llegó hasta un punto esta internacionalización del papel moneda, que los que más tardaron en llegar fueron los primeros que empezaron a plantearse el realmente establecer un patrón fijo y determinado, respaldado por la propia ley y el derecho. Estamos hablando, cómo no, de Estados Unidos. El propio George Washington, apoyado por el primer Secretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, Alexander Hamilton (el tío que hoy en día encontramos en los billetes de 10$), propuso esta medida mediante la creación de un banco central federal y nacional que, tomando el ejemplo inglés, fuera la única institución competente para emitir moneda y fijar su valor respecto al oro. Sin embargo, esto no sería tan sencillo, y de hecho finalmente no se llevaría a cabo debido a la negativa de un hombre para el cual el dinero era demasiado importante como para dejarlo en manos del gobierno. Este hombre creía en un país económicamente descentralizado al poder político. Su nombre era Thomas Jefferson (el del billete de 2$).

Durante el siglo XVIII reinó la anarquía financiera, en la que cada banco tenía autonomía para crear su propio dinero. Estos competían entre sí, haciendo que los billetes se apreciasen o se depreciasen según la propia fama del banco en cuestión. Y, al igual que hoy no es lo mismo haber estudiado Derecho en Harvard que en la Universidad Estatal de Texas, tampoco lo era canjear 100$ en el Bank of America que en el Banco Provincial de Arizona. Por tanto, esto obligaba a los vaqueros a tener que negociar el valor de su dinero en cada transacción. Cada cerveza suponía un tradeo, algo parecido a lo que pasa hoy en día a todas horas en el mercado de divisas, pero a escala exponencial.

Ante este absurdo, a finales del siglo XIX, tras la guerra civil estadounidense, Abraham Lincoln decidió que se acababan los tiempos en los que todo quisqui podía crear dinero, ya que, según el propio Lincoln, “esto parece el coño de la Bernarda”. Desde ese momento, la tarea de crear dinero sería únicamente encomendada al banco central, que se encargaría de estandarizarla, fijando el valor de esta respecto al oro, y regresando a la racionalidad monetaria.



Sin embargo, este sistema de patrón oro tenía una virtud que a la vez era una maldición: era completamente incompatible con la guerra. No era posible que un Estado emitiese deuda pública como si no hubiera un mañana, aumentando temporalmente el déficit, a expensas de poder ganar la guerra y embolsarse los beneficios, ya que no se podía emitir todo el oro que se quisiese. En este sentido, el Estado se encontraba con una barrera más allá de la mera voluntad política para poder financiar su gasto público, y era una barrera sencillamente natural. El oro es el que hay, y no se puede inventar más oro del que ya existe.

Por esta razón, en 1913 nació la Reserva Federal Estadounidense (FED), la cual básicamente significó la legitimación por parte del Gobierno para abandonar estacionalmente el patrón oro, con el objetivo de poder financiar la 1ª y 2ª Guerra Mundial, con la promesa de retornar a él cuando estas hubiesen finalizado. Las potencias europeas, en cambio, abandonaron definitivamente el patrón oro durante la Gran Guerra. Nótese la gran apuesta que Estados Unidos hizo abandonando el patrón durante estas décadas, ya que de no haber ganado la guerra Estados Unidos sencillamente se habría hundido en la mayor de las miserias. De hecho, pese a su victoria, se puede apreciar el devastador efecto que esta decisión tuvo observando los felices años 20 y la inmensa inflación descontrolada, que llevaría finalmente a Estados Unidos y al mundo a una burbuja que acabaría estallando en 1929. Pero esta ya es otra historia.

Después de que Roosevelt socializase la economía norteamericana, la cosa no mejoró, sino que más bien se abrió un periodo de transición en el que decidir qué hacer con el sistema monetario mundial. El miedo comenzaba a sentirse. Se rumoreaba que al otro lado del charco se estaba gestando algo que podía amenazar el dólar. Comenzaba a hablarse de una moneda europea, que años más tarde sería el euro. Estados Unidos no podía permitir que Europa ni nadie le arrebatase su poder en el sistema monetario y financiero internacional. Fue entonces, en los acuerdos de Bretton Woods, donde se decidió adoptar el dólar como divisa internacional, bajo la condición de que la FED sostuviera el patrón oro. Sin embargo, años más tarde, durante la nefasta presidencia de Nixon, en 1971 se decide no respetar la promesa debido a los interminables gastos que EEUU tenía que sostener en la guerra de Vietnam. De este modo, se abandona el patrón oro de manera definitiva y el valor del dólar pasa a sostenerse exclusivamente en la confianza que le dan sus poseedores, naciendo definitivamente el dinero fiduciario, también conocido como moneda FIAT (que no es lo mismo que el coche).



Fue en ese fatídico momento en el que el mundo decidió entregarle el poder al banco que de forma pasiva era el nuevo ente legitimado para poder amasar dinero mediante el sistema de reserva fraccionaria y coeficiente de caja (la cual explicamos en este artículo). Se otorgaba al banco central de turno el poder activo de poder imprimir billetes, decidir artificialmente cuando hay inflación o deflación o manipular los tipos de interés mediante procesos de expansión crediticia. Mientras tanto, Keynes y su ridícula propuesta de generalizar una moneda FIAT a nivel mundial (el bancor) era debidamente ignorada. Go home Keynes, you´re drunk.

Se acabaron los tiempos en los que cada depósito, cada préstamo, tenía en colateral su valor en oro. Ahora cada crédito que se concede, en contrabalance, solo encuentra un apunte contable. ¿Qué se consigue con esto? Que hoy en día tan solo 1/10 del dinero total en el mundo exista realmente, con sus respectivas unidades monetarias, mientras que los 9/10 restantes tan solo son apuntes en los activos y pasivos bancarios, decretándose con ello los que en un futuro serían los “Too Big To Fail”.

Aquí finaliza la historia de cómo en tan poco tiempo hemos pasado de un sistema dominado por el oro y su papel moneda, a un sistema en el que el dólar es el nuevo oro, y los apuntes contables son el nuevo papel moneda. Así es cómo la economía le vendió el alma al Gobierno, el cual arbitra junto a sus secuaces, los políticos, todo el sistema financiero mundial a base de impuestos, pagados con la moneda oficial, la del Estado. Sálvese quien pueda.


Esto es todo por hoy, joven padawan. Somos El Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.