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lunes, 10 de julio de 2017

Del patrón oro a la fe en el dinero




Hace poco explicábamos por qué el ser humano ha valorado siempre el oro durante prácticamente toda su existencia. Explicábamos por qué se convirtió en uno de los actores más fundamentales de la historia económica, superando a otros nombres propios como el euro o el dólar. Hoy toca hablar de uno de los conceptos más cruciales y claves en lo que a economía moderna se refiere. Hablaremos de cuando el dinero era real, y tenía valor intrínseco, y de cómo este valor pasó a estar únicamente en nuestra imaginación. Damas y caballeros, con todos ustedes, demos la bienvenida al patrón oro.

Antes de nada, definamos este concepto del que muchos hemos oído hablar, pero pocos sabemos realmente de qué se trata. El patrón oro, como su nombre indica, es una referencia, una relación que se fija entre una unidad monetaria y una determinada cantidad de oro.  Por tanto, el patrón oro supone un sistema monetario no fiduciario, es decir, no se sustenta en la confianza del poseedor, sino que se sustenta en el oro. Esto viene a decir que los emisores de divisas garantizan que el poseedor de dichas unidades monetarias tenga siempre la posibilidad de canjear su papel moneda por oro. En otras palabras, el patrón oro destruye de raíz la fiesta de unicornios y ositos parlantes que el sistema monetario actual, haciendo de la economía un sistema rígido, en la que cada billete tiene un valor fijo.

Antes de explicar los inicios del patrón oro, vamos a retroceder un poco para ver por qué era necesario. Como dijimos, durante toda nuestra historia la unidad monetaria internacional y comúnmente aceptada ha sido siempre el oro. Sin embargo, a finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, el ser humano comenzó a hacerse más vago, pero en especial más rico, debido a las primeras tendencias liberales y capitalistas. Esto significaba que, conforme la riqueza crecía más y más, las bolsas de monedas de oro circulaban más y más. Pero después de muchos esguinces y contusiones, cómo no, a nuestros amigos los chinos, se les ocurrió algo que Marco Polo introduciría in Europa: el papel moneda.

De este modo, para ahorrarte cargar con bolsas llenas de oro, cual jubilado saliendo del Mercadona, el banco te otorgaba un papelito (un pagaré) en el que certificaban su correspondiente cantidad de oro. Estos papelitos se canjeaban fácilmente y no era necesario trasportar consigo el valor que dicho papelito contenía, ya que bastaba con acudir al banco depositario para volverlo a canjear de nuevo por el oro. Como podemos apreciar, estaba gestándose lo que en un futuro sería el patrón oro, ya que inconscientemente la gente comenzó a comerciar con billetes cuyo valor estaba en todo momento respaldado por una determinada cantidad en oro. Uno de los primeros pensadores que teorizaron sobre el patrón oro fue el británico David Hume, el cual creía que llevaría a un equilibrio general en la economía.

Llegó hasta un punto esta internacionalización del papel moneda, que los que más tardaron en llegar fueron los primeros que empezaron a plantearse el realmente establecer un patrón fijo y determinado, respaldado por la propia ley y el derecho. Estamos hablando, cómo no, de Estados Unidos. El propio George Washington, apoyado por el primer Secretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, Alexander Hamilton (el tío que hoy en día encontramos en los billetes de 10$), propuso esta medida mediante la creación de un banco central federal y nacional que, tomando el ejemplo inglés, fuera la única institución competente para emitir moneda y fijar su valor respecto al oro. Sin embargo, esto no sería tan sencillo, y de hecho finalmente no se llevaría a cabo debido a la negativa de un hombre para el cual el dinero era demasiado importante como para dejarlo en manos del gobierno. Este hombre creía en un país económicamente descentralizado al poder político. Su nombre era Thomas Jefferson (el del billete de 2$).

Durante el siglo XVIII reinó la anarquía financiera, en la que cada banco tenía autonomía para crear su propio dinero. Estos competían entre sí, haciendo que los billetes se apreciasen o se depreciasen según la propia fama del banco en cuestión. Y, al igual que hoy no es lo mismo haber estudiado Derecho en Harvard que en la Universidad Estatal de Texas, tampoco lo era canjear 100$ en el Bank of America que en el Banco Provincial de Arizona. Por tanto, esto obligaba a los vaqueros a tener que negociar el valor de su dinero en cada transacción. Cada cerveza suponía un tradeo, algo parecido a lo que pasa hoy en día a todas horas en el mercado de divisas, pero a escala exponencial.

Ante este absurdo, a finales del siglo XIX, tras la guerra civil estadounidense, Abraham Lincoln decidió que se acababan los tiempos en los que todo quisqui podía crear dinero, ya que, según el propio Lincoln, “esto parece el coño de la Bernarda”. Desde ese momento, la tarea de crear dinero sería únicamente encomendada al banco central, que se encargaría de estandarizarla, fijando el valor de esta respecto al oro, y regresando a la racionalidad monetaria.



Sin embargo, este sistema de patrón oro tenía una virtud que a la vez era una maldición: era completamente incompatible con la guerra. No era posible que un Estado emitiese deuda pública como si no hubiera un mañana, aumentando temporalmente el déficit, a expensas de poder ganar la guerra y embolsarse los beneficios, ya que no se podía emitir todo el oro que se quisiese. En este sentido, el Estado se encontraba con una barrera más allá de la mera voluntad política para poder financiar su gasto público, y era una barrera sencillamente natural. El oro es el que hay, y no se puede inventar más oro del que ya existe.

Por esta razón, en 1913 nació la Reserva Federal Estadounidense (FED), la cual básicamente significó la legitimación por parte del Gobierno para abandonar estacionalmente el patrón oro, con el objetivo de poder financiar la 1ª y 2ª Guerra Mundial, con la promesa de retornar a él cuando estas hubiesen finalizado. Las potencias europeas, en cambio, abandonaron definitivamente el patrón oro durante la Gran Guerra. Nótese la gran apuesta que Estados Unidos hizo abandonando el patrón durante estas décadas, ya que de no haber ganado la guerra Estados Unidos sencillamente se habría hundido en la mayor de las miserias. De hecho, pese a su victoria, se puede apreciar el devastador efecto que esta decisión tuvo observando los felices años 20 y la inmensa inflación descontrolada, que llevaría finalmente a Estados Unidos y al mundo a una burbuja que acabaría estallando en 1929. Pero esta ya es otra historia.

Después de que Roosevelt socializase la economía norteamericana, la cosa no mejoró, sino que más bien se abrió un periodo de transición en el que decidir qué hacer con el sistema monetario mundial. El miedo comenzaba a sentirse. Se rumoreaba que al otro lado del charco se estaba gestando algo que podía amenazar el dólar. Comenzaba a hablarse de una moneda europea, que años más tarde sería el euro. Estados Unidos no podía permitir que Europa ni nadie le arrebatase su poder en el sistema monetario y financiero internacional. Fue entonces, en los acuerdos de Bretton Woods, donde se decidió adoptar el dólar como divisa internacional, bajo la condición de que la FED sostuviera el patrón oro. Sin embargo, años más tarde, durante la nefasta presidencia de Nixon, en 1971 se decide no respetar la promesa debido a los interminables gastos que EEUU tenía que sostener en la guerra de Vietnam. De este modo, se abandona el patrón oro de manera definitiva y el valor del dólar pasa a sostenerse exclusivamente en la confianza que le dan sus poseedores, naciendo definitivamente el dinero fiduciario, también conocido como moneda FIAT (que no es lo mismo que el coche).



Fue en ese fatídico momento en el que el mundo decidió entregarle el poder al banco que de forma pasiva era el nuevo ente legitimado para poder amasar dinero mediante el sistema de reserva fraccionaria y coeficiente de caja (la cual explicamos en este artículo). Se otorgaba al banco central de turno el poder activo de poder imprimir billetes, decidir artificialmente cuando hay inflación o deflación o manipular los tipos de interés mediante procesos de expansión crediticia. Mientras tanto, Keynes y su ridícula propuesta de generalizar una moneda FIAT a nivel mundial (el bancor) era debidamente ignorada. Go home Keynes, you´re drunk.

Se acabaron los tiempos en los que cada depósito, cada préstamo, tenía en colateral su valor en oro. Ahora cada crédito que se concede, en contrabalance, solo encuentra un apunte contable. ¿Qué se consigue con esto? Que hoy en día tan solo 1/10 del dinero total en el mundo exista realmente, con sus respectivas unidades monetarias, mientras que los 9/10 restantes tan solo son apuntes en los activos y pasivos bancarios, decretándose con ello los que en un futuro serían los “Too Big To Fail”.

Aquí finaliza la historia de cómo en tan poco tiempo hemos pasado de un sistema dominado por el oro y su papel moneda, a un sistema en el que el dólar es el nuevo oro, y los apuntes contables son el nuevo papel moneda. Así es cómo la economía le vendió el alma al Gobierno, el cual arbitra junto a sus secuaces, los políticos, todo el sistema financiero mundial a base de impuestos, pagados con la moneda oficial, la del Estado. Sálvese quien pueda.


Esto es todo por hoy, joven padawan. Somos El Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.

domingo, 26 de febrero de 2017

El Retorno de la Crisis

El mundo ha cambiado. Lo escuchamos de Rajoy. Lo leemos en las noticias. Mucho se perdió hace diez años, pero nadie parece estar dispuesto a recordarlo. Todo comenzó con la forja de la gran burbuja inmobiliaria, una de las mayores ficciones que ni siquiera Spielberg podrá superar jamás. Esto llevó al delirio hipotecario subprime de los señores banqueros y a las nacionalizaciones hechas por la raza de los políticos que ansían, por encima de todo, el poder. Pero aquí no acaba todo, pues una nueva burbuja fue forjada en la tierra de Alemania, en los fuegos del Banco Central, el señor oscuro Draghi forjó el plan monetario regente, el Quantitive Easing (QE). En ese plan descargó todas sus soluciones mágicas, sus unicornios y su voluntad para “salvar” el mundo. Un plan monetario para gobernarlos a todos, un plan para encontrarlos, un plan para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas de la deuda.
Draghi, Señor Oscuro de Mordor, Nigromante, Hacedor de Anillos, Señor de Barad-dûr, el Gran Ojo Sin Párpados. 

 
Pero como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. La crisis, como ya dijimos en otro artículo, llegaría más tarde a Europa que a EEUU, que al fin y al cabo es el país más avanzado del mundo, tanto para lo bueno como para lo malo. Pero, ¿por qué hoy en día parece que la crisis ha desaparecido? Bueno, en parte sí ha desaparecido, pero resulta curioso como hace cuatro años estábamos tirándonos de los pelos y rogando clemencia a los dioses, mientras ahora estamos tan agustito como si aquí no hubiese pasado nada.
Algo que ha sido la tónica durante toda la crisis y que fue el inicio de la debacle han sido las nacionalizaciones, es decir, el aumento del gasto público y de por lo tanto de la deuda. Y he aquí la primera regla del manual de Política para Dummies del siglo XXI para aquellos que quieren agarrar un cargo público.
-Necesitamos alcanzar el poder, mi señor.
-Prometamos aumentar el gasto público.
-Pero Su Excelencia, no tenemos tanto dinero como para hacer eso y a la  plebe no le va a hacer ninguna gracia que les subamos los impuestos.
-Ay, mi jovencísimo aprendiz, mucho por aprender te queda aún. Emitiremos deuda como si no hubiera un mañana.
-Es usted brillante.




Deuda pública en España



Vamos a explicar la deuda como si un Estado se tratase de un agente económico normal, y no uno privilegiado y sobreprotegido. La deuda es comparable a la que cualquiera de nosotros puede contraer con cualquier entidad financiera, véase un banco al pedir un préstamo, estando por tanto atado a devolver dicho préstamo con intereses al final del plazo marcado. Está claro que nosotros no tenemos la legitimidad confiscatoria que posee el señor Montoro para poder extraer rentas de aquí y allá y, sin embargo, un Estado puede pedir prestado y confiscar a sus ciudadanos. Un fulano normal y corriente se puede convertir en acreedor de un Estado, comprando sus bonos (a 10 años, a 30 años…).
Por tanto, muchas de las principales potencias mundiales se han dedicado a endeudarse en proporciones abismales para poder financiar a sus gobiernos, sabiendo que salíamos de una gran recesión con una inflación inexistente: EEUU (105%Deud/PIB), Japón (240%Deud/PIB), Italia (130%Deud/PIB), España ( Francia (95%Deud/PIB), España (93%Deud/PIB) Reino Unido (90%/PIB). No obstante, al contrario de lo que creen los magos de la economía como los comunistas, los socialistas o Podemos, esta deuda no desaparece, se queda ahí hasta que finalmente se pague. Y de hecho, como habrás podido deducir, no parece haber realmente gran diferencia entre subir deuda o impuestos, ya que, como diría David Ricardo, al final, ambas van a ser pagadas por los mismos, the people (los mendas, para quien flojee con el inglés).

Esto tenía más peligro que Espinete vendiendo condones, hasta que de repente entra en escena nuestro salvador, nuestro héroe: El Banco Central Eropeo. Mario Draghi observó el percal y pareció no molarle ni un pelo que, pese a que los países se endeudaban cada vez más, el crédito y el movimiento de los monedos no se daba por aludido. Los bancos habían recibido tal paliza, regalando talones millonarios a vagabundos, que ahora no se atrevían a prestar talones ridículos ni a los millonarios. Por lo tanto, el 9 de marzo de 2015, el BCE tuvo una de las ideas más mágicas de la economía moderna, oigan, ¿y si compramos nosotros los títulos de deuda? Ascenso para el caballero.

Los objetivos de este plan de estímulos, el susodicho QE, fue el de depreciar el euro, relanzar la inflación y rebajar los tipos de interés para así impulsar la concesión de nuevo crédito y revalorizar las bolsas. Esto se conseguiría comprometiéndose a comprar, mes a mes, entre 60.000 y 80.000 millones de pasivos públicos (deuda publica estatal, soberana…) y privados (los bancos). De esta manera, el BCE, de manera artificial y sin necesidad de darle masivamente a la máquina de crear dinero, conseguiría aumentar el crédito y financiar a las entidades que se encargan de concederlo a los ciudadanos, eso sí, comprando sus activos tóxicos, endeudándose masivamente.

Hoy, tras más de un billón (con b) de euros en estímulos y una liquidez excesiva de más de 800.000 millones, lo cierto es que los objetivos estás muy lejos de cumplirse. Por un lado, los tipos de interés no hacen más que bajar artificialmente, debido a que el BCE ha roto la regla. Antes, los países con más necesidades de financiación y mayor riesgo pagaban un mayor tipo de interés, lo cual se define como Prima de riesgo. Pero con la financiación del BCE, los Estados se pueden despreocupar completamente, ya que son financiados a tipos de interés 0 e incluso negativos (volviendo a la locura de prestar dinero y tener que pagar por dicho préstamo). Lo que viene siendo una absurdez, un despropósito, un disparate, una incoherencia (¿queda claro, no?).

                                                                            


Por otro lado, la inflación está dando el resultado completamente contrario al esperado por el BCE, con un aumento muy leve de los precios (al contrario que la monumental subida que espera Lord Draghi). Esta ligera subida se debe al incremento del precio de bienes que son precisamente los que ralentizan la economía y no ayudan mucho a vivir mejor, como es el caso de las materias primas, véase el petróleo.



Uno de los objetivos que sí que se ha cumplido ha sido una leve revalorización de las bolsas. Sin embargo, este más que una ventaja, se convierte en un inconveniente, ya que pese a los bajísimos tipos de interés, que descartan cualquier opción de rentabilidad en renta fija, los inversores han ido obligados a buscar los beneficios en la renta variable, manteniéndose esta sin embargo más plana de lo que se preveía, incluso disminuyendo en algunas potencias europeas.


Finalmente, el único objetivo que realmente se ha cumplido es la devaluación del euro, ya que de algún sitio salían todos los cheques expedidos por el BCE, multiplicando la base monetaria desde 1,3 billones de euros hasta más de 2 billones en apenas 18 meses. Sin embargo, esto no está sirviendo para acelerar el crédito bancario o aumentar la inflación, sino que está engordando las reservas bancarias, ya que la gran mayoría de esta masa monetaria no va a parar a la economía real, de lo contrario tendríamos una burbuja terrible e irremediable.
 
           A este paso por un euro no te van a dar ni el aplauso del público


En definitiva, el mundo se endeuda de una manera jamás vista en la historia, ante unos tipos de interés jugosos y elecciones a la vista. El BCE ayuda a estos Estados sobreendeudados con su economía pendiendo de un hilo, sin darse cuenta de que solucionar la vida mágicamente no ayuda a que los Estados inviertan mejor estas enormes cantidades de dinero, sino que incitan al pasotismo de creer que si no miras la deuda no está. Con esta política favorecen la creencia de que siempre estará papá BCE para ayudarte y llorar cuando necesites un préstamo multibillonario. La realidad es mucho más dura, el QE antes o después acabará, y al igual que la FED ya sube tipos de interés en EEUU, aquí tarde o temprano también ocurrirá. Cuando eso ocurra, cuando realmente los tipos vuelvan a subir y la inflación campe a sus anchas y el euro reaccione, los Estados se encontrarán con una monstruosa burbuja en forma de deuda, la cual, por no haber hecho los deberes a tiempo, nunca se podrán quitar de encima. La Economía nos ha otorgado una segunda oportunidad para hacer las cosas bien, para transformar esta burbuja en una oportunidad y remediar y aprender de errores del pasado. Pero si no lo hacemos, si perpetuamos nuestro sobreendeudamiento sin reformas estructurales, sin bajadas de impuestos o sin adoptar cualquier otra medida que el propio Señor Oscuro repite conferencia tras conferencia, como si de una pesadilla o déjà vu se tratase, las quiebras, volverán.


Esto es todo por hoy joven padawan. Somos El club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.