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lunes, 10 de julio de 2017

Del patrón oro a la fe en el dinero




Hace poco explicábamos por qué el ser humano ha valorado siempre el oro durante prácticamente toda su existencia. Explicábamos por qué se convirtió en uno de los actores más fundamentales de la historia económica, superando a otros nombres propios como el euro o el dólar. Hoy toca hablar de uno de los conceptos más cruciales y claves en lo que a economía moderna se refiere. Hablaremos de cuando el dinero era real, y tenía valor intrínseco, y de cómo este valor pasó a estar únicamente en nuestra imaginación. Damas y caballeros, con todos ustedes, demos la bienvenida al patrón oro.

Antes de nada, definamos este concepto del que muchos hemos oído hablar, pero pocos sabemos realmente de qué se trata. El patrón oro, como su nombre indica, es una referencia, una relación que se fija entre una unidad monetaria y una determinada cantidad de oro.  Por tanto, el patrón oro supone un sistema monetario no fiduciario, es decir, no se sustenta en la confianza del poseedor, sino que se sustenta en el oro. Esto viene a decir que los emisores de divisas garantizan que el poseedor de dichas unidades monetarias tenga siempre la posibilidad de canjear su papel moneda por oro. En otras palabras, el patrón oro destruye de raíz la fiesta de unicornios y ositos parlantes que el sistema monetario actual, haciendo de la economía un sistema rígido, en la que cada billete tiene un valor fijo.

Antes de explicar los inicios del patrón oro, vamos a retroceder un poco para ver por qué era necesario. Como dijimos, durante toda nuestra historia la unidad monetaria internacional y comúnmente aceptada ha sido siempre el oro. Sin embargo, a finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, el ser humano comenzó a hacerse más vago, pero en especial más rico, debido a las primeras tendencias liberales y capitalistas. Esto significaba que, conforme la riqueza crecía más y más, las bolsas de monedas de oro circulaban más y más. Pero después de muchos esguinces y contusiones, cómo no, a nuestros amigos los chinos, se les ocurrió algo que Marco Polo introduciría in Europa: el papel moneda.

De este modo, para ahorrarte cargar con bolsas llenas de oro, cual jubilado saliendo del Mercadona, el banco te otorgaba un papelito (un pagaré) en el que certificaban su correspondiente cantidad de oro. Estos papelitos se canjeaban fácilmente y no era necesario trasportar consigo el valor que dicho papelito contenía, ya que bastaba con acudir al banco depositario para volverlo a canjear de nuevo por el oro. Como podemos apreciar, estaba gestándose lo que en un futuro sería el patrón oro, ya que inconscientemente la gente comenzó a comerciar con billetes cuyo valor estaba en todo momento respaldado por una determinada cantidad en oro. Uno de los primeros pensadores que teorizaron sobre el patrón oro fue el británico David Hume, el cual creía que llevaría a un equilibrio general en la economía.

Llegó hasta un punto esta internacionalización del papel moneda, que los que más tardaron en llegar fueron los primeros que empezaron a plantearse el realmente establecer un patrón fijo y determinado, respaldado por la propia ley y el derecho. Estamos hablando, cómo no, de Estados Unidos. El propio George Washington, apoyado por el primer Secretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, Alexander Hamilton (el tío que hoy en día encontramos en los billetes de 10$), propuso esta medida mediante la creación de un banco central federal y nacional que, tomando el ejemplo inglés, fuera la única institución competente para emitir moneda y fijar su valor respecto al oro. Sin embargo, esto no sería tan sencillo, y de hecho finalmente no se llevaría a cabo debido a la negativa de un hombre para el cual el dinero era demasiado importante como para dejarlo en manos del gobierno. Este hombre creía en un país económicamente descentralizado al poder político. Su nombre era Thomas Jefferson (el del billete de 2$).

Durante el siglo XVIII reinó la anarquía financiera, en la que cada banco tenía autonomía para crear su propio dinero. Estos competían entre sí, haciendo que los billetes se apreciasen o se depreciasen según la propia fama del banco en cuestión. Y, al igual que hoy no es lo mismo haber estudiado Derecho en Harvard que en la Universidad Estatal de Texas, tampoco lo era canjear 100$ en el Bank of America que en el Banco Provincial de Arizona. Por tanto, esto obligaba a los vaqueros a tener que negociar el valor de su dinero en cada transacción. Cada cerveza suponía un tradeo, algo parecido a lo que pasa hoy en día a todas horas en el mercado de divisas, pero a escala exponencial.

Ante este absurdo, a finales del siglo XIX, tras la guerra civil estadounidense, Abraham Lincoln decidió que se acababan los tiempos en los que todo quisqui podía crear dinero, ya que, según el propio Lincoln, “esto parece el coño de la Bernarda”. Desde ese momento, la tarea de crear dinero sería únicamente encomendada al banco central, que se encargaría de estandarizarla, fijando el valor de esta respecto al oro, y regresando a la racionalidad monetaria.



Sin embargo, este sistema de patrón oro tenía una virtud que a la vez era una maldición: era completamente incompatible con la guerra. No era posible que un Estado emitiese deuda pública como si no hubiera un mañana, aumentando temporalmente el déficit, a expensas de poder ganar la guerra y embolsarse los beneficios, ya que no se podía emitir todo el oro que se quisiese. En este sentido, el Estado se encontraba con una barrera más allá de la mera voluntad política para poder financiar su gasto público, y era una barrera sencillamente natural. El oro es el que hay, y no se puede inventar más oro del que ya existe.

Por esta razón, en 1913 nació la Reserva Federal Estadounidense (FED), la cual básicamente significó la legitimación por parte del Gobierno para abandonar estacionalmente el patrón oro, con el objetivo de poder financiar la 1ª y 2ª Guerra Mundial, con la promesa de retornar a él cuando estas hubiesen finalizado. Las potencias europeas, en cambio, abandonaron definitivamente el patrón oro durante la Gran Guerra. Nótese la gran apuesta que Estados Unidos hizo abandonando el patrón durante estas décadas, ya que de no haber ganado la guerra Estados Unidos sencillamente se habría hundido en la mayor de las miserias. De hecho, pese a su victoria, se puede apreciar el devastador efecto que esta decisión tuvo observando los felices años 20 y la inmensa inflación descontrolada, que llevaría finalmente a Estados Unidos y al mundo a una burbuja que acabaría estallando en 1929. Pero esta ya es otra historia.

Después de que Roosevelt socializase la economía norteamericana, la cosa no mejoró, sino que más bien se abrió un periodo de transición en el que decidir qué hacer con el sistema monetario mundial. El miedo comenzaba a sentirse. Se rumoreaba que al otro lado del charco se estaba gestando algo que podía amenazar el dólar. Comenzaba a hablarse de una moneda europea, que años más tarde sería el euro. Estados Unidos no podía permitir que Europa ni nadie le arrebatase su poder en el sistema monetario y financiero internacional. Fue entonces, en los acuerdos de Bretton Woods, donde se decidió adoptar el dólar como divisa internacional, bajo la condición de que la FED sostuviera el patrón oro. Sin embargo, años más tarde, durante la nefasta presidencia de Nixon, en 1971 se decide no respetar la promesa debido a los interminables gastos que EEUU tenía que sostener en la guerra de Vietnam. De este modo, se abandona el patrón oro de manera definitiva y el valor del dólar pasa a sostenerse exclusivamente en la confianza que le dan sus poseedores, naciendo definitivamente el dinero fiduciario, también conocido como moneda FIAT (que no es lo mismo que el coche).



Fue en ese fatídico momento en el que el mundo decidió entregarle el poder al banco que de forma pasiva era el nuevo ente legitimado para poder amasar dinero mediante el sistema de reserva fraccionaria y coeficiente de caja (la cual explicamos en este artículo). Se otorgaba al banco central de turno el poder activo de poder imprimir billetes, decidir artificialmente cuando hay inflación o deflación o manipular los tipos de interés mediante procesos de expansión crediticia. Mientras tanto, Keynes y su ridícula propuesta de generalizar una moneda FIAT a nivel mundial (el bancor) era debidamente ignorada. Go home Keynes, you´re drunk.

Se acabaron los tiempos en los que cada depósito, cada préstamo, tenía en colateral su valor en oro. Ahora cada crédito que se concede, en contrabalance, solo encuentra un apunte contable. ¿Qué se consigue con esto? Que hoy en día tan solo 1/10 del dinero total en el mundo exista realmente, con sus respectivas unidades monetarias, mientras que los 9/10 restantes tan solo son apuntes en los activos y pasivos bancarios, decretándose con ello los que en un futuro serían los “Too Big To Fail”.

Aquí finaliza la historia de cómo en tan poco tiempo hemos pasado de un sistema dominado por el oro y su papel moneda, a un sistema en el que el dólar es el nuevo oro, y los apuntes contables son el nuevo papel moneda. Así es cómo la economía le vendió el alma al Gobierno, el cual arbitra junto a sus secuaces, los políticos, todo el sistema financiero mundial a base de impuestos, pagados con la moneda oficial, la del Estado. Sálvese quien pueda.


Esto es todo por hoy, joven padawan. Somos El Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.

lunes, 19 de junio de 2017

El antes y el después de los rescates a la banca



La banca es como tener un perro: te da muchos problemas y trabajo, pero no puedes vivir sin ella. Hasta tal punto es importante la banca, que el todopoderoso papá Estado corre a acudir en su rescate con miles de millones, (sólo) con el objetivo de que durmamos tranquilos y el mundo no se vaya a la mierda. Pero esto ya se acabó, joven padawan. En este artículo vamos a explicar el proceso de cambio que se ha producido en el sistema de rescate financiero, desde el rescate público estatal (Bail-out) hasta el rescate privado por parte de los acreedores (Bail-in).

Corría el año 2009 cuando, poco a poco, las cajas de ahorro españolas (públicas, que no se os olvide) fueron quebrando lentamente, pero sin pausa. Sin embargo, a medida que quebraban, estas cajas de ahorros iban siendo rescatadas por el Estado español, con una suma que llegó a superar ampliamente los 100 mil millones de euros. Este hecho establecerá el Bail-out como modus operandi en toda la zona Euro.

No obstante, mentiríamos si dijéramos que esta era la única forma de enfrentarse a una quiebra bancaria en ese momento. Debemos cruzar el charco y remontarnos a la crisis de los bonos basura y las hipotecas subprime de 2008 para ver que esto no es así, ya que alguien tiene algo que decir al respecto (o más bien nada que decir). 

15 de septiembre de 2008, el gigantesco banco de inversiones Lehman Brothers, el famoso “Too big to fail”, caía derrotado, sucumbiendo ante su excesiva exposición a bonos basura e hipotecas subprime, con el mayor pasivo de la historia: más de 600 mil millones de dólares. 

Efectivamente, la otra manera de enfrentarse a una quiebra bancaria era… no enfrentarte a ella. Simplemente no hacer nada. Sin embargo, este ejemplo se trata verdaderamente de un hecho insólito y prácticamente irrepetible. Por no hablar de que la deuda que Estados Unidos debería haber hecho frente en el caso de Lehman es seis veces superior a la de toda la banca española. Digamos que metieron la pata hasta el fondo y una vez ahí siguieron cavando. Esto no quita que, entre medias, la administración de Obama y la FED inyectasen cantidades ingentes de dólares en todo tipo de entidades financieras.

Pero volvamos al tema que nos concierne. Durante la etapa de la crisis financiera, muchos bancos en todo el mundo, apalancados hasta la saciedad de activos tóxicos, empezaron a experimentar los problemas de comer demasiadas gominolas y chucherías. Enfermaron progresivamente y uno a uno fueron cayendo como chinches. Esto realmente era un problemón al cual había que enfrentarse, es decir, aquí no se podía aplicar la estrategia rajoyesca de hacerse el longuis. Requería por tanto reuniones entre los gobernadores de los bancos centrales y los líderes de las principales potencias mundiales para poder llegar a una solución que causase el menor daño posible y que, a la vez, salvase “el sistema”.

Y he ahí el problema de la cuestión.  La decisión tomada distó mucho de ser una solución, sino que más bien fue un rescate desesperado y a toda costa para tratar de mantener “el sistema” independientemente del cómo y el cuánto del coste. Básicamente, la solución consiste en que el marrón se lo come el contribuyente (vía impuestos y deuda) y los burócratas se van a su casa tranquilamente sin sudar mucho.  Bail you, Bail me, Bail for everybody.



El mensaje era muy claro: “bancos, no temáis, pues los dependientes y obedientes ciudadanos respaldarán generosamente vuestras perdidas, así que haced lo que os dé la gana porque sois demasiado grandes para quebrar. Algo así como: “bancos nuestros que estáis en el cielo, santificada sea vuestra deuda.”

Nada parecía que fuese a cambiar. Los Estados se sobreendeudaban con entusiasmo, los impuestos subían, los pajarillos cantaban… hasta que, de repente, un actor inesperado, del cual muchos de nosotros aún dudamos de su posición geográfica, entra en escena. Una pequeña islita alejada de la mano de Dios significaría el principio del fin de estos chiringuitos financieros.

Fue Chipre el pionero en la utilización del Bail-in para sanear su sistema financiero, que arrastraba un agujero de más de 10 mil millones de euros (puede parecer una cifra ridícula comparada con la de España, pero para un país con apenas 17 mil millones de PIB no estaba nada mal). El Estado chipriota aplicó una conversión exprés de depósitos en acciones bancarias. Poco a poco, nuevos países como Austria fueron adhiriéndose a este sistema, considerándolo el más idóneo, o mejor dicho, el menos malo.

Y fue entonces, en una fría mañana de noviembre de 2014, en Berlín, cuando Mario Draghi despertó de su letargo, instalando el Mecanismo Único de Supervisión y Resolución, que en resumidas cuentas significaba la imposición del Bail-in como sistema de rescate para entidades financieras en la Unión Europea.  

Llegamos pues a junio de 2017, cuando el Banco Santander compra el Banco Popular por 1€, después de que sus inversores respondiesen ante las deudas de la entidad. 
Este hito marcará un antes y un después, entre el Bail-out y el Bail-in en la Unión Europea (y además nos ha brindado la oportunidad de hacer un montón de chistes con cosas que cuestan 1€). El Banco Popular fue el primero en ser intervenido por las autoridades europeas, marcando las pautas que se establecieron en el Mecanismo Único, respondiendo de las deudas los acreedores e inversores de la entidad, por orden:
1) En primer lugar, se encontrarían los accionistas ordinarios y sucesivamente preferentes (acreedores subordinados).
2) En segundo lugar, estarían todos aquellos que hubieran adquirido bonos y obligaciones de la compañía (acreedores senior).
3) En tercer y último lugar (y aquí se encuentra realmente la novedad), hallamos todos aquellos depósitos a la vista no avalados por el Estado (es decir, aquellos que superen los 100.000€).

De esta manera, se ha conseguido que de forma ordenada y de la noche a la mañana, los accionistas y bonistas de Banco Popular asumiesen las pérdidas de la compañía y del resto ya se encargará Santander.

Curiosamente, esta solución era perfectamente viable en época de quiebra de las cajas. Combinando los acreedores subordinados, los acreedores senior y los depósitos a la vista superiores de 100.000€, las cajas, mal llamadas quebradas, sumaban más de 150.000 millones en pasivos que podrían ser reconvertidos en activos para hacer frente a la deuda que se les venía encima. Las cajas nunca tuvieron la necesidad de ser recatadas, pues había alternativas reales, no para dejarlas morir, sino para salvarlas.

Sin embargo, esto no parecía muy conveniente para nuestro conglomerado político, el cual hizo caso omiso a esta alternativa, haciéndonos responsables a todos de sus decisiones, mientras ellos aumentaban su control bancario mediante participaciones estatales en dichas entidades. No hace falta recordar que el propio Estado es el accionista mayoritario de la banca española, controlando por ejemplo el 45% de Bankia, entre otras. Hoy ya tenemos una estimación más o menos aproximada (viene del Banco de España) que establece la factura de dicho rescate: 40.000 millones de €. Unos 2.200€ por familia. Ya sabéis, el "interés general", que no es más que el interés partidario que demostraron, reunión tras reunión, en Ferraz y Génova.



Esta última adquisición por parte de Santander, absorbiendo el deficitario Banco Popular no se queda en menos, con reuniones vespertinas, cuando menos sospechosas, de directivos del Santander y ministros del gobierno, con Luis de Guindos a la cabeza.

Sin embargo, algo sí que ha cambiado esta vez, aunque haya sido a golpe de decreto europeo y prácticamente maniatando al político. Por una vez, no pagaron justos por pecadores. Por una vez no se privatizaron ganancias y socializaron pérdidas, sino que se privatizaron tanto las ganancias como las pérdidas. 
Capitalismo de amiguetes o Capitalismo liberal. El primero beneficia a los de siempre, el segundo nos beneficia a todos.


Esto es todo por hoy joven padawan. Somos el Club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.

domingo, 12 de marzo de 2017

Cláusulas suelo, Estiba y tiro porque llega el TJUE

Hoy en día, hay una palabra que está en boca de todos. Una expresión, a veces para sustantivar, otras para adjetivar, pero que sin ninguna duda, la usamos de forma despectiva. Tendemos  a definir, a diestro y siniestro, con dicho calificativo venido de las profundidades del inframundo. Sí, hablamos del populismo.
El artículo que se viene hoy no pretende ser popular, y probablemente no sea la mejor estrategia para hacer amigos, pero si algo no somos en El Club de la Economía, si algo rechazamos, aparte de Abraham Mateo y a Karl Marx, es el populismo.

Hoy vamos a hablar y a contar la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad sobre las famosas recientes sentencias sobre las cláusulas suelo y la estiba del Tribunal de la Justicia de la Unión Europea (TJUE), y sobre el mal olor que estas han dejado en nuestra sociedad. Comencemos.

Antes de nada, pongámonos al día rápidamente. ¿Qué es una clausula suelo? Y ¿Qué es la estiba?
Las clausulas suelo se refieren a términos contractuales incluidas en las famosas hipotecas. Por un lado estarían las Clausulas suelo, que no son más que aquellas en las cuáles se fija un tope mínimo de intereses que los clientes de los contratos hipotecarios pueden llegar a pagar. Esto se debe a que, aquellas hipotecas contratadas con interés variable, varían su tipo de interés siguiendo el euríbor (media de tipo de interés de la UE). Durante muchos años se mantuvo con variaciones no muy significativas, e incluso subidas. Sin embargo, sobre todo desde la Crisis de 2008, el euríbor comenzó a caer, debido en gran medida a la política de estímulos del BCE, lo cual llegó incluso a situarlo en negativo a partir de 2015. Fue entonces cuando los clientes notaron como los tipos de interés bajaban, mientras que sus hipotecas se mantenían invariables. En España estas cláusulas suelo son ilegales, debido a que, al igual que en la estafa de las preferentes, el Tribunal Supremo considera que los bancos exponen las condiciones escondidas en contratos de difícil o imposible comprensión por parte del ciudadano común. Se declaró su nulidad y carácter abusivo por sentencia del Tribunal Supremo de 9 de mayo de 2013, aunque se limitaron las cantidades a devolver por los bancos. Finalmente el TJUE ha dictaminado, en sentencia inapelable, en contra de la limitación de la retroactividad de la nulidad de las cláusulas suelos por lo que los bancos y cajas de ahorro están obligados a devolver TODO el dinero cobrado ilegalmente por las cláusulas suelo desde la firma de la hipoteca inmobiliaria para la adquisición de vivienda. Esta resolución retroactiva, significó una caída de la banca española al día siguiente de la resolución, del 10%, y significará una devolución de más de 6.000 millones.
Por otro lado, aunque comprensiblemente menos habitual y problemático, se encontrarían las Clausulas techo, las cuales esta vez limitan con un tope máximo, los intereses que los clientes pueden llegar a pagar.
Y por último, tendríamos las Clausulas cero, la cual surge a partir de la absurda situación que ya conocemos de euríbor en negativo, en la cual pagas por prestar dinero al vecino.

Aquí observamos al pueblo (los trabajadores de la banca no forman parte)


La estiba, sin embargo, se trata de la actividad de distribución y colocación adecuada de la carga en una embarcación. ¿Cuál es el problema? Que mientras el sueldo medio de la economía española ronda los 22.000€ anuales, el sueldo medio de un estibador es de 70.000€. Si a esto le añadimos que esto ocurre mientras padecemos más de un 18% de paro, esto empieza a oler mal. Pero si le añadimos que estos trabajadores (6.000) no requieren unas cualidades ni aptitudes excepcionales, y que lo último que se estaba planteando era requerir una FP, esto ya huele fatal.

Investigando un poco, lo cual muy bien hizo el TJUE antes que nosotros, se puede apreciar donde está el problema. El sector de la estiba, desde tiempos dictatoriales, se encuentra hiperregulado y con una contratación totalmente intervenida y proteccionista. De esta se encarga la SAGEP, eligiendo que trabajadores han de ser contratados por las empresas y cuáles no, convirtiéndose en un intermediario por el que necesariamente se ha de pasar, y el que claramente no permite la libre contratación, violando numerosos derechos como la igualdad, discriminando en cada proceso de selección.

Y aquí hay que dejar algo claro, al igual que el precio de un bien depende de la oferta y la demanda entre agentes económicos, el sueldo de un trabajador depende de hasta que salario un trabajador estaría dispuesto a recibir como ingreso. No cabe ninguna duda de que cientos de españoles, estarían completamente dispuestos a recibir 60, 50, 40, 30 e incluso 20.000€ si me apuras. Pero esto no se permite, se cierra la competencia, por lo que el TJUE pretende liberalizar dicha contratación, desde exactamente el 11 de Diciembre de 2014.

Y os estaréis preguntando “Vale, si la sentencia es de hace 3 años, ¿A qué viene ahora todo este pescado?” pues, he aquí la cuestión. Llevamos desde 2014 incumpliendo la sentencia del TJUE, suponiendo una multa de 27.500€ por cada día de incumplimiento, que para que os hagáis una idea, acumulamos ya unos 11.000.000€ de multa. Seguramente ahora, cabreados e impotentes, muchas palabras malsonantes saltaran de vuestras bocas, ante semejante pasotismo y gestión. Lo que seguro que no os ha venido a la mente, y lo que realmente, ha supuesto el problema y lo más horrible desde el principio, es la palabra malsonante correcta: Populismo.

Tenemos ante nosotros 2 sentencias completamente diferentes del pobre TJUE, que simplemente se ha limitado a hacer su trabajo:  ver la realidad, estudiarla y actuar en consecuencia, reafirmando, como es el caso de las clausulas suelo, sentencias ya existentes. Pero entonces ¿Dónde está el maldito problema? Sigo sin entenderlo, dímelo ya y ahórrame más sufrimiento!

Unos cuantos estibadores reclamando su derecho a llevar el pan de cada día a sus respectivas chozas (70.000€)


El problema, como no, de nuevo estaba entre nosotros. Y se llama Populismo judicial. Esto demuestra cuán importante son nuestros políticos y cuan condicionado esta nuestro poder judicial “nacional e independiente” que ni es una cosa ni es la otra. Populista y con “la gente”. 
Bien que la sentencia sobre las clausulas suelo, incluso teniendo que violar principios básicos del derecho, como cargarse la retroactividad, aplicándose a casos anteriores a la resolución, y, por otra parte, aportándose razones completamente absurdas para su supuesta ilegalidad, como tratarse de cláusulas abusivas, estando sin embargo estipuladas claramente en cada contrato y existiendo equilibrio al haber también clausulas techo. De hecho, a nadie se le obligó a contratar una hipoteca con tipo variable, si los clientes no hubieran estado seguros o no les hubiera quedado algo claro, que hubieran contratado una a tipo fijo o que, simple y llanamente, no hubieran contratado. Es más, se supone que eran necesarias unas simulaciones para hacer entender la posible variación de tipos de interés en el tiempo. Esto es igual de absurdo como que, mañana, al vender tu colección de cromos en Wallapop, tengas que mostrar un gráfico con la posible variación de su valor en el futuro. Pero qué más da, rápidamente recibió un apoyo político y judicial ipso facto, ya que significaba apoyar a unas pobres personas, convirtiéndose rápidamente en buenos samaritanos, redistribuyendo el pan de los malvados y ricos accionistas y especuladores de un puñado de bancos infernales, hacia el pueblo celestial y bueno por naturaleza. De nuevo, el político de turno “salvándonos la vida”.

Sin embargo, por otra parte, la sentencia sobre la estiba, al significar mayor competencia, libre mercado y al final de cuentas, capitalismo, esta vez no fue tan apoyada. Y no solo no fue apoyada, sino que durante casi 3 años fue incumplida, sucumbiendo ante la amenaza de que, cada día de huelga en el sector de la estiba, significan 50 millones menos que entraban en las arcas del estado, y que Montoro no puede hacer pasar por sus garras. 
Llegando a la absurda situación de ciertos grupos políticos (Podemos, PSOE) que por el día celebraban y apoyaban la sentencia sobre las clausulas suelo, y por la noche exaltan su más profunda demagogia, criticando y denunciando la "terrible e injusta" sentencia sobre la estiba. Sin darse cuenta de que, lo que estaban haciendo, no defendía ningún interés general ni bien común, excepto el de 6.000 estibadores, cobrando la mayoría de  ejecutivos, directivos y jefes de sucursal bancaria, con sus más de 5-6 años de experiencia, como media, menos que un estibador.
Es curioso que, incluso en estos casos, aquellos que se ponen la etiqueta de defensores del pueblo, haciendo valer su populismo, y que se manifiestan en contra de estos banqueros chorizos multimillonarios, van a conseguir muchos más despidos y paro del que son capaces de imaginar. Si realmente quisieran defender a la clase trabajadora, tratarían de abrir los ojos, y defenderían a los cientos de miles de trabajadores cuyas vidas dependen directamente del sueldo de Bankia, Santander, BBVA... Como siempre, el populismo va a destrozar más vidas que las que defiende, tratándose de vidas inocentes, frente al sobreprotegido y elitista sector estibador.

Nada nuevo al final del túnel. Se castiga el libre fallo humano, se perpetúa la coacción y la injusticia.


Esto es todo por hoy joven padawan. Somos El Club de la Economía y siempre aquí estaremos, no es una amenaza, pero volveremos.

domingo, 15 de enero de 2017

Lo que no sabías de la Crisis de 2008


Atención, el artículo que está a punto de presenciar podría dañar gravemente su salud mental, ya que hoy El club de la Economía va a tratar sobre lo que es probablemente el tema de la economía en el siglo XXI. Aquel que está en boca de todos, pero del que nadie sabe nada, un tema oscuro a la par que delicado. Se recomienda leer previamente nuestro artículo sobre los mercados financieros, para poder saborear al máximo este, en el que El club de la Economía jura solemnemente que conocerás, al fin, la verdad sobre la Crisis de 2008, también conocida como Crisis Subprime. Comencemos.

11 de Septiembre de 2001, caída de las Torres Gemelas. Lo recordamos como si fuera ayer. En nuestro caso, muy jóvenes y no creyendo lo que estaba pasando, y sobre todo, inocentes ante lo que estaba a punto de desencadenar el casi hundimiento del sistema financiero y la Economía tal y como la conocemos. Fatídico día para el mundo, en el que unos pocos acabaron con la vida de muchos. Curiosamente, algo parecido pasó por la otra parte, pero esta vez no eran unos terroristas, sino políticos y banqueros con traje y corbata.

El 11S significó la depresión máxima también en los mercados, ya que Wall Street  tras la burbuja de las punto com, sufrió una de sus peores caídas en un solo día de su historia, cayendo más de un 7%.
Ante este desastre, Bush, la FED y por extensión, el BCE,  tienen la genial idea de bajar los tipos de interés, llegando hasta el 1% en 2003, lo que se podría denominar como “casi regalar dinero” con el objetivo de reanimar el crédito y con él los mercados, bajo el lema de: Todo el mundo merece una casa.

El planteamiento era sencillo y tenía sentido: aumento del gasto público en obra y privatización del suelo, con el objetivo de aumentar la Oferta de vivienda, y por lo tanto mediante una simple regla de 3 (ley de la Oferta y la Demanda) reducir el precio de la vivienda, consiguiendo el objetivo de que todo el mundo obtuviese una casa, se reanimase la economía y todos contentos.

Esto mismo llegó a España, donde con Aznar, también se siguió el modelo estadounidense. España construía en un año, más vivienda que Francia, Alemania e Italia juntas. Pero algo fallaba, algo no iba del todo bien. La vivienda, lejos de bajar el precio, SUBÍA, Y CADA VEZ MÁS. Esto se debe a que la demanda superó a la propia oferta, usando la vivienda como una inversión inmobiliaria con la cuál sacar beneficio, primero a largo plazo, después a medio y la fiesta fue tal que se sacaban ingentes cantidades de dinero incluso a corto plazo.

Mientras tanto, la gente dejaba de soñar con ser médico, abogado o empresario, aquellos que deseaban estudiar eran arquitectos, y los que no, no pasa nada, siempre habrá un hueco para un albañil, NO ESTUDIES ¡a trabajar del ladrillo se ha dicho!
Esto redujo el paro a una cifra récord, desde el 22% hasta apenas el 9% en 2005. Pero claro, había un problema, los trabajos creados por lo general eran precarios y con un salario que por lo general, no aumentó en gran medida (un albañil podía cobrar un sueldo entre 1.200-1.400€ de media).
Sin embargo, la vivienda pasaba de pagarse de 900€/m2 a más de 2.500€/m2 en apenas 10 años. Por lo que surge la duda: ¿Cómo iban estos a ser capaces de comprar vivienda, si esta no dejaba se subir, mientras que los salarios no se movían? Ningún problema, damas y caballeros, entran a escena LOS BANCOS.

Los bancos se sumaron a la fiesta, con las tan amadas hipoteca (préstamos a cascoporro) para financiar la compra de vivienda, con la propia vivienda como único aval y con unos intereses que te lo quitan de las manos, pudiendo pagar la hipoteca en cómodos plazos, financiándose a largo plazo y endeudándose a corto plazo. Y tranquilo, que si en algún momento no puedes pagar la hipoteca, vendes la casa, recuperas la inversión y además ganas dinero, ¡el negocio del siglo sin hacer nada! Esto fomentó que incluso aquellos considerados "ninjas" (sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades) pidieran hipotecas con el simple objetivo de enriquecerse, porque recuerda: LOS PRECIOS SIEMPRE SUBEN, NUNCA BAJAN.

Es entonces cuando llegamos a 2007, con una vivienda con precios absolutamente disparados y sobrenaturales, a casi 3.000€/m2. Entre 2004 y 2006, la FED había fomentado una subida de tipos de hasta el 5-7%. Esto supuso una bajada de la demanda, ya que dejaba de ser gratis y fácil ser rico y literalmente no había más zonas donde edificar, por lo que la vivienda empezó a bajar de precio. Esto disparó la tasa de morosidad porque las personas no podían devolver sus préstamos a los bancos, ya que no podían vender sus casas, y estas no las querían ni los propios bancos, pues no valían nada y nadie las quería comprar. Eran considerados literalmente activos basura. Y así sucesivamente provocando un efecto dominó que no pintaba nada bien.

Los bancos especulaban y operaban entre ellos con todos estos activos tóxicos, que de la noche a la mañana, se convertían de AAA (bajo riesgo) a BBB (alto riesgo). Los bancos necesitaban liquidez ante el aumento de impagos (defaults), pero el Euribor, libor y todo el resto de tipos de interés se disparaban, ya que nadie quería financiar el desastre de estos bancos, por lo que la gente se refugiaba en las materias primas, disparándose el precio de estas más de un 20% (sí, hubo una vez que el barril de petróleo costaba más de 100$).

La deuda  de las cajas comenzó a ser descomunal, ya que la creación de riqueza ya no generaba crecimiento, sino que el proceso se había invertido, el crecimiento era el que generaba riqueza, siendo todo esto originado por una monstruosa deuda, ya que el dinero no caía del cielo.
Así, de la noche a la mañana, se desenterró la enorme crisis crediticia estadounidense, que contagió rápidamente a todo el mundo, a partir de la cual los bancos dejaron de prestar dinero, los inversores dejaron de comprar deuda y el miedo llevó a la ira, la ira llevó al odio y el odio llevó al pánico extremo. Como nadie prestaba dinero, el consumo se desplomó, las empresas empezaron a despedir en masa, dejando primero a todos los dedicados a la construcción en la calle. La mayoría de ellos no tenían formación ni posibilidad de reincorporarse al mercado laboral, vamos, con una mano delante y otra detrás, aumentando el paro a máximos. Y toda esta ficción, de la noche a la mañana, recibió un jarro de agua, no fría, sino congelada. Habíamos estado viviendo 10 años por encima de nuestras posibilidades, siendo la productividad menor que los ingresos, y lo íbamos a pagar duro, ya te digo que lo íbamos a pagar, estallando la mayor burbuja de la historia.

El 15 de Septiembre de 2008, Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión más grandes del mundo, quebró. Con un pasivo de $613.000 millones, supuso la mayor quiebra de la historia hasta el momento. Con este, muchos otros se fueron, y esto podría haber sido mucho peor, ya que compañías como AIG (la mayor aseguradora del mundo), debido a que no podían hacer frente a los seguros hipotecarios (CDS), vio cómo su valor en bolsa se reducía de más de 1.500$/acción a 5$/acción (sí, es así, no me he comido ni añadido ceros de más), salvada gracias a su nacionalización por parte del gobierno estadounidense.



Como resultado final, la bolsa cayó casi un 60%, con una deuda de 950 mil millones de $, 200 mil millones de $ en rescates a entidades y estímulos de los bancos centrales.

Hoy en día, aquellos verdaderamente culpables de esta orgía crediticia y engaño hacia todos nosotros, los contribuyentes. Los verdaderos culpables de inflar la oferta de crédito muy por encima de los niveles de ahorro que había detrás de ese crédito, son los que hoy deberían estar entre rejas. Todos esos banqueros que globalizaron bonos basura y nos tiraron de cabeza a la mayor crisis financiera de la historia, son los responsables de jugar con el fin de la Economía moderna. Pero ellos no estaban solos, pues alguien debió permitirles todo este escándalo, unos sujetos que hablan mucho, hacen poco y saben menos, y que, sin embargo, nos controlan. Sí, hablamos de los políticos. Está de moda criticar la crisis del 2008 como una derrota del Capitalismo y el Libre Mercado, que el Laissez Faire financiero casi nos cuesta un riñón y parte del otro. Pero en el mundo que nosotros imaginamos, no pagan justos por pecadores En el mundo que imaginamos no se nacionaliza a aquellos que apostaron contra ti hace 2 días. En el mundo que imaginamos esta gente, estaría en la cárcel y no en un yate en Marbella con el dinero de todos nosotros.  No es una derrota del liberalismo, más bien de la socialdemocracia.





Esto es todo por hoy joven padawan. Somos El club de la Economía y siempre aquí estaremos. No es una amenaza, pero volveremos.